Querido diario,
Hoy le he dicho a mi prometido que vivimos en un piso alquilado, aunque la verdad es que el piso es mío. Crecí en una familia compuesta solo por mi madre y mi abuela; mi padre nos abandonó cuando era pequeña y nunca volvió a interesarse por mi vida. Al ser criada exclusivamente por mujeres, aprendí a ser fuerte y a valerme por mí misma. Gracias a ellas descubrí que la independencia no es una opción, sino una necesidad. Con mucho esfuerzo y dedicación, a los 27 años logré comprar mi propio piso con mis ahorros. Entonces surgió una nueva cuestión: ¿cómo manejar los amores cuando ya tienes un techo propio?
Salía con varios chicos, pero al enterarse de que poseía un piso, de inmediato dejaban de verme como una chica y me miraban como un billete de 500 euros, la solución a sus problemas económicos. Esa visión me repugnaba; anhelaba ser amada por quien soy, no por lo que poseo.
Cuando conocí a Diego y empezamos a salir, él vino a visitarme y, como una prueba, le dije que estaba alquilando. Quería observar cómo me trataba y si éramos capaces de construir una relación sin que el dinero fuera un obstáculo. Diego, con su típica humildad castellana, me aseguró que la falta de un hogar propio no sería un impedimento y que se esforzaría para ganar y ahorrar hasta poder comprar una vivienda donde vivieran los dos. Esa actitud me conquistó. Durante los dos años que compartimos techo, Diego ahorró de manera constante, acumulando lo necesario para nuestro futuro.
Ahora se acerca el día de la boda. Diego ya ha planeado, tan pronto como nos casemos, comprar una casa para los dos, y a mí me atormenta la culpa. Toda esta vida he mantenido el secreto de que el piso que supuestamente alquilamos es en realidad mío; he recibido el dinero del alquiler de su parte sin que él lo sepa. ¿ Debería confesarle ahora?
Mi abuela y mi madre me dicen que no hace falta confesarse: Que tengas tu piso y que él se encargue de proporcionarte un hogar, no es nada de qué preocuparse. Pero, ¿cómo puede un matrimonio comenzar bajo una mentira? La idea de que el primer paso de nuestra vida juntos esté basado en un engaño me resulta insoportable.
Me pregunto si la honestidad no será el cimiento que realmente nos ayude a construir el futuro que ambos deseamos.
Con el corazón en un puño,
Dolores.





