Mira, te cuento, yo he criado a tres chicos. Si alguna vez has vivido rodeada de cuatro hombres en casa, seguro que me entiendes perfectamente. No logro comprender cómo puede ser que en una casa no haya nunca comida preparada o que haya cosas tiradas por todas partes. Ahora tengo 52 años y siempre he pensado que la mujer debe crear un hogar cómodo y seguro para el hombre, un sitio al que él quiera volver. Pero no creo que mi nuera comparta esa idea.
Mi hijo mayor decidió casarse hace un par de años y, nueve meses después, nació su hija. Él tenía 28 años y su mujer, Lucía, 20. Lucía seguía estudiando todavía, pero esa diferencia de ocho años nunca asustó a mi hijo.
Durante el embarazo de mi nuera, tenía un carácter complicadísimo, siempre mandando a mi hijo a por alguna cosa. Que si por la mañana quería manzanas, que si luego naranjas, que si más tarde flores Y mi hijo, sin rechistar, lo que ella pidiera. Todos pensábamos que al nacer la niña cambiaría todo, pero nada de eso.
Lucía dio a luz, estuvo amamantando a la niña dos meses y ya está. Después le dijo a mi hijo que estaba agotada por las noches en vela y que quería descansar. Mi hijo, que siempre ha sido muy empático y comprensivo, me pidió que me quedara con ellos para ayudar un poco. ¿Cómo le voy a decir que no?
Total, que mientras yo me ocupaba de la pequeña, Lucía se tiraba el día de salón en salón de belleza y al volver ni siquiera tenía ganas de prepararle la cena a mi hijo, que venía reventado del trabajo. Al final, me pasé toda la semana con mi nieta. Lucía se acostumbró a levantarse a las doce del mediodía y hacer vida según sus propias reglas, dejando todo a mi cargo.
Al cabo de un mes, ya no podía más y le dije que tenía que volver a mi casa. Lucía se lo tomó fatal. Yo sé que no es muy independiente todavía, así que de vez en cuando voy a verles, pero lo que veo no me gusta nada: la casa patas arriba y la nevera vacía.
Es que ni el mínimo esfuerzo para preparar algo para la niña. Después de haber criado a tres hijos, esa dejadez me supera. Mi hijo siempre ha comido en casa. El mes pasado fue su cumpleaños y pensé: Seguro que esta vez Lucía cocina algo especial. Pues nada, pidió una pizza y sushi a domicilio.
De verdad, no entiendo cómo mi hijo aguanta esto ni por qué sigue con ella. Me temo que es porque no convivieron antes de casarse, y entonces él no vio cómo era ella realmente. Y ahora, claro, aguanta y calla.
Me paso el día dándole vueltas a cómo hacer para que Lucía empiece a comportarse como esposa y madre. Pero, claro, solo me preocupa que mi hijo se enfade conmigo. Ya sé que tengo que apoyar su elección, pero no puedo quedarme de brazos cruzados viendo todo esto. ¿Serán todas las nueras iguales?
Tú, ¿qué le dirías a una mujer en mi situación? ¿Debería sentarme a hablar con mi nuera directamente?




