Entre mi madre y mi esposa elegí el silencio: se convirtió en mi mayor error – No tomé partido, o es…

Entre mi madre y mi mujer elegí el silencio y fue el error más grande de mi vida.

No me posicioné.
O al menos eso es lo que quería creer.

Cuando mi madre empezó a criticar a mi mujer primero en broma, luego ya con descaro yo me callaba. Sonreía de manera forzada. Cambiaba de tema. Me repetía que mejor no hacer un drama.

Es que ella es así le decía a mi mujer.
No te lo tomes tan a pecho le soltaba a mi madre.

Ambas asentían con la cabeza. Pero siempre se iban a casa enfadadas.

Mi silencio me parecía un compromiso, un acuerdo de paz, lo que se espera de un tío sensato. Estaba convencido de que si no tomaba partido, la cosa se calmaría sola.

Pues no.

Mi madre empezó a venir sin avisar. A reorganizar la casa porque así queda más bonito. A dar consejos que nadie había pedido jamás.

Mi mujer se fue apagando poco a poco. Cada vez sonreía menos. Cada vez hablaba menos.

Di algo me susurró una tarde, justo cuando mi madre cerró la puerta.
Es que no quiero líos contesté.

La verdad era que tenía miedo.
De herir a mi madre.
De parecer desagradecido.
De tener que elegir.

Mientras yo callaba, ellas empezaron a hablar por mí.
Para mi madre, mi silencio era un sí.
Para mi mujer, una traición.

Una noche llegué más tarde de lo normal. El piso estaba inusualmente en silencio. El bolso de mi mujer ya no estaba. En el armario, había un hueco.

En la mesa, una nota.

No quería obligarte a elegir. Y precisamente por eso me voy.

La llamé. No contestó. Le escribí. Silencio absoluto.

Fui a ver a mi madre.

Está exagerando soltó . Sólo quería lo mejor para ti.
Por primera vez, no la creí del todo.

Me senté en el coche y tardé media vida en ponerlo en marcha. La verdad me calló encima a paletadas.

No había mantenido la paz.
La había destrozado.
Porque el silencio no es neutral.
Siempre toma partido.
Sólo que nunca el de la persona que amas.

Ahora el piso está tranquilo. Realmente tranquilo.
Ni discusiones.
Ni tensiones.
Ni ella.

Por primera vez entiendo que, a veces, el mayor error no es lo que dices
sino lo que te callas.

¿Y tú qué piensas? ¿El silencio salva o solo aplaza la pérdida?

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MagistrUm
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