Jaime, ¿cuánto te queda para llegar?
Ya casi estoy, voy por la Gran Vía y enseguida llego.
Venga, no te entretengas, que tenemos que hablar.
¿Ha pasado algo? se inquieta Jaime.
Verás todavía no ha pasado, pero tenemos que hablarlo ya la voz de Carmen, su mujer, suena nerviosa, pero por cómo lo dice, parece que no ha pasado ninguna catástrofe.
Quince minutos después, el cabeza de familia cruza el portal y sube hasta su piso en un bloque del centro de Madrid.
¿Qué ha pasado entonces? pregunta con cautela a Carmen nada más dejar el abrigo.
Cámbiate y lávate las manos, anda, no hace falta que salves el mundo todavía le dice con una sonrisa, le da un beso y le empuja suavemente hacia el baño.
Jaime sigue el consejo, hace lo necesario, y cuando sale al salón, la mujer lo conduce hasta la habitación de su hija. Amaya está acurrucada en su sofá, los ojos rojos de tanto llorar.
¿Qué ocurre aquí? Jaime intenta mantener la paciencia.
Pregúntaselo a tu hija resopla Carmen. Amaya, venga, cuenta a tu padre lo que se te ha ocurrido ahora.
Amaya se hunde más en sí misma y se gira hacia la ventana, sin intención de hablar.
A ver, chicas Jaime da un pequeño toque en la mesa, o me explicáis qué pasa, sin lagrimeo ni dramas, o me olvido de todo y me tumbo a descansar tras siete horas de curro. Vosotras veréis.
Que aquí la señorita nos quiere salir casada hoy mismo, sin perder un instante anuncia Carmen con mordaz ironía.
¿Cómo? se queda atónito Jaime. ¿Así, de repente? ¿Y con quién, si puede saberse?
Como Amaya sigue muda, la madre toma la palabra de nuevo:
Con Álvaro Martín, el chaval de las gafas, que últimamente venía mucho por casa.
Ah, Martín… ¿Y eso es cierto, Amaya? insiste su padre, aunque ella se encierra en su silencio.
Mira, cariño, se acabaron los interrogatorios. No pienso bailarte el agua Jaime empieza ya a impacientarse.
¡Álvaro y yo nos queremos! estalla Amaya. Es el mejor chico, y vamos a casarnos.
Bueno, por fin algo claro Jaime suspira. ¿Vais juntos a clase?
Sí, estamos en la misma clase en la Complu.
En primero de carrera Jaime suspira entre resignado y comprensivo. Niños
¡No somos niños! replica Amaya. Ya tenemos dieciocho años, somos mayores de edad.
Vale, si sois mayores, hablaremos como adultos asiente Jaime.
¡No quiero hablar! Ya sé lo que vais a decir: que somos jóvenes, que hay que esperar, ver si de verdad sentimos lo que sentimos Los adultos siempre igual, con el mismo rollo. ¡No os enteráis de nada! Nos queremos y punto, ¿tan difícil es respetarlo?
No voy a matar a nadie, hija, Jaime suspira con cansancio. Solo quiero aclarar las cosas. ¿Tú y Álvaro os queréis, verdad? Ella asiente desafiante. Bien. ¿Y los dos queréis casaros? ¿O solo tú?
¡Papá, no le menosprecies! Él también quiere.
Vale, si de ganas no andáis cortos ¿Y dónde vais a vivir? ¿Con qué dinero? ¿Lo habéis pensado?
¡Eso da igual! Cuando hay amor, lo demás no importa Amaya casi grita.
¿Cuántos años tienes, Amaya? Parece que aún fueras al cole, hija El amor no te paga el alquiler ni la compra en el supermercado. Vais a toda pastilla, ¿para qué tanta prisa? Nadie dice nada malo de Álvaro. Que venga un día, que nos conozcamos, incluso quedamos con sus padres, ¿te parece? pregunta dirigiéndose a Carmen.
Lo veo bien, amor, pero hay un detalle Ellos creen que tienen prisa.
¿Qué pasa, a Álvaro le llaman a la mili? Pero si eso ya ni existe
No, no van por ahí los tiros. Amaya, ¿se lo cuentas tú o lo digo yo?
No hace falta Amaya responde en voz baja, Voy a tener un hijo de Álvaro.
Vaya murmura Jaime, atónito. Esto sí que no me lo esperaba. ¿Y qué vais a hacer?
Casarnos. Tenerlo. ¡Y ni se os ocurra sugerirme lo otro! Quiero a mi hijo.
Bueno, tranquila, nadie te va a obligar a nada. Vamos a hablarlo con calma. De momento, ¿los padres de Álvaro lo saben?
Hoy iba a decírselo Cada uno iba a hablar con los suyos hoy mismo
¿Y? ¿Él ya te ha dicho algo?
No aún no.
Bien, cuando hable, me lo cuentas. Ahora, ¿puedo cenar algo? Con estas emociones, me muero de hambre.
Padre y madre van a la cocina y Carmen pone un plato de tortilla frente a su marido.
¿Y ahora? susurra ella.
No lo sé, Carmen. De verdad que no lo sé. Vamos a ver qué dicen los padres de él; a lo mejor juntos podemos decidir algo.
Apenas han terminado de cenar, suena el móvil: es un mensaje de Álvaro. Sus padres se niegan en redondo, la conversación ha acabado en gritos. Mala pinta tenía ya
Quince minutos después, Amaya asoma al salón móvil en mano y, tapando el micrófono, anuncia:
Es la madre de Álvaro quiere hablar con alguno de vosotros.
Carmen cruza los brazos:
Anda, Jaime, habla tú; yo no puedo ahora.
Jaime la mira con resignación pero toma el móvil y activa el altavoz, haciendo un gesto para que todos guarden silencio.
Buenas noches, soy el padre de Amaya, Jaime Gutiérrez.
Teresa. Soy la madre de Álvaro. Mi hijo acaba de decirnos lo vuestro. Por lo visto ya es tarde y hay consecuencias. ¿Están al tanto?
Sí, hemos hablado con Amaya.
Muy bien. Pues dejen claro que nosotros estamos rotundamente en contra de sus remarca el tono sarcástico planes. Nuestro hijo tiene que estudiar, sacar la carrera y labrarse un futuro. Una boda y encima un hijo en primero de carrera, ¡ni hablar!
Créame, tampoco era nuestro plan el casamiento tan súbito de nuestra hija. Pero si va a ser madre, de su hijo por cierto, ¿qué propone usted que se haga?
Mire, con perdón, Jaime, ese problema es suyo. Primero, no sé ni si es de Álvaro. Y aunque lo fuera, eso de casarse deprisa por estar embarazada no cuela con nosotros. Entiendo que su hija quiera formalizar y aprovechar la situación; mi hijo tiene familia, piso, buena reputación, comprendo sus intenciones, pero no lo vamos a permitir. Nosotros le hemos dicho a nuestro hijo que no vuelva a verla, que haga lo que quiera: aborto o seguir adelante, es asunto suyo. Nos despedimos. Buenas noches.
El teléfono emite el pitido de llamada finalizada. Jaime mira a su mujer y a su hija y, con voz grave, dice:
Lo habéis oído todos. Aquí no se va a hablar de abortos ni de tonterías. El niño no tiene ninguna culpa, y a ti te puede hacer daño. Nada grave, Amaya. Ya verás, te coges una excedencia en la uni, luego vuelves. Nosotros te ayudamos. No eres la primera ni serás la última. Con los otros ya veremos. ¡Vaya gente! Ahora a respirar hondo, a llorar un rato si quieres, pero luego basta. Los tres, juntos, tiramos para adelante.
Llama aparte a Carmen y le susurra:
Coge tú a Amaya esta noche, no la dejes sola, que no haga tonterías. Dale cariño. Yo esta noche duermo en su habitación.
Una hora después suena el timbre.
A estas horas, ¿quién demonios será? gruñe Jaime, levantándose a abrir.
Entra acompañado de un chaval delgado con gafas y acné.
¡Álvaro! Amaya salta a abrazarle. ¿Has venido por mí?
Sí, por ti. Jaime, Carmen, he venido a llevarme a Amaya conmigo.
¿A dónde, si no es indiscreción?
No lo sé aún. Quizá busquemos un piso de alquiler. Somos mayores de edad, así que pido que nos dejen en paz. ¿Te vienes conmigo? pregunta a Amaya.
¡Claro! ¡A donde sea!
Esperad un momento, chicos Jaime levanta la mano. Un par de preguntas. Tu madre ha dicho que estáis todos en contra, tú incluido.
No es cierto, Jaime. Lo ha decidido mi madre. Mi padre asiente a todo por no discutir y yo fingí que cedía para no tener bronca. Pero he cogido mi cartera, el DNI y la tarjeta del banco y voilà, aquí estoy.
¡Vaya! el padre sonríe sorprendido. Así que quieres alquilar un piso, ¿y de dónde sale el dinero?
Tengo unos ahorros de trabajar en verano, además llevo un canal de vídeos que da para algo. Para un par de meses de alquiler y comida, seguro. Después, ya veré.
Mmm, no está mal ¿Qué opinas, Carmen, les dejamos ir?
No sé, ahora de noche
Bien visto. No es momento de iros. Mejor nos organizamos: ¿os vais a casar, entonces?
Sí responden los dos.
¿Y tener el niño?
Sí.
Bien, os ayudaremos, pero hay condiciones. Uno, intentáis acercar posturas con vuestros padres. Dos, Álvaro, hoy te quedas aquí, nada de líos nocturnos. Dormirás en el sofá y mandarás un mensaje a tus padres diciendo que estás con amigos. Luego, les vais preparando la noticia sin que haya discusiones. Y nada de dejar los estudios. Amaya, luego recuperarás la carrera. Nosotros os apoyamos, os ayudaremos con dinero y con el bebé, pero cada uno que asuma su parte, no os vamos a mantener. La boda, por ahora sencilla y discreta. Más adelante, ya celebraréis otra. ¿De acuerdo?
Sí asiente Álvaro.
Bueno yo quería una boda de verdad, con vestido y convite protesta Amaya.
No es el momento corta Álvaro. Primero lo básico, luego ya habrá tiempo.
Como tú digas.
Muy bien, chicos. Plan claro, tarea definida. Mañana todos a madrugar.
Ya cuando Jaime entra en la cocina a por un vaso de agua, Carmen le coge de la manga y susurra:
¿Cómo has cambiado tan rápido de opinión?
¿Rápido? Después de hablar con esa arpía, su madre, estaba temblando de rabia. Y justo aparece el chaval, que yo pensaba que era un niño de mamá, y mira: un hombre de verdad, que no abandona a mi hija. Por uno así, sí puedo darla en matrimonio.
¡Qué razón tienes! le dice Carmen y le besa antes de irse a distribuir camas para todos.
¡Ay madre, que mi hija se quiere casar ya! — Cuando el amor juvenil y una noticia inesperada revoluc…







