Cómo mi suegra se quedó sin piso: La historia de cómo tuve que enfrentarme a mi cuñado, su familia y la convivencia forzada por culpa de la vivienda familiar en Madrid

Mira, te cuento un poco lo que me está pasando, porque de verdad que ya no sé ni por dónde cogerlo y a veces solo necesito desahogarme contigo.

Resulta que no entiendo por qué tendría que estar manteniendo a la familia de mi cuñado ni mucho menos pagar un piso para ellos. Desde el principio, para que te hagas una idea, yo soy propietaria de un piso de tres habitaciones aquí en Madrid; me lo compré con todos mis ahorros antes de casarme con Martín. No sabes cómo estaba aquello vamos, que la puerta ni cerraba, solo se apoyaba sobre el marco. Pero mira, a buen precio y, poco a poco, fui arreglándolo. Pero bueno, no iba por ahí la cosa.

Cuando conocí a Martín, ya tenía dos habitaciones bastante decentes arregladas, incluso había puesto algunos muebles. Vamos, que se podía vivir sin problemas.

Él, que era un tío majísimo y muy apañado, vivía de alquiler en una habitación cutrilla. Al poco de conocernos, se vino a vivir conmigo y, después de la boda, montamos una habitación infantil y, mira, primero nació nuestro hijo Pablo y luego nuestra hija Lucía.

Todo estaba genial hasta que una noche fría de otoño, se nos presentó la madre de Martín con dos maletas y hecha un mar de lágrimas:

¿Os importa si me quedo aquí una temporada? Hugo, mi hijo pequeño, ha traído a una chica a vivir a mi piso. Espero que les vaya bien, a lo mejor hasta se casan y están juntos toda la vida No voy a causaros molestias, os lo prometo, hasta puedo ayudarte recogiendo a los niños del cole y preparando la comida. ¡No tengo a nadie más que a vosotros!

Lloraba tanto, que claro, la dejamos pasar. Le dimos la habitación más grande del piso. Mi suegra lleva jubilada ya unos años. Cumplió, eso sí, con su palabra de cuidar a los peques, pero ni se asomaba por su casa, porque el hijo pequeño estaba allí criando a la familia. Él vivía con su nueva mujer y tenían dos niños: uno era suyo, y la pequeña era de ella de antes.

Hace años, mio cuñado Hugo se casó casi nada más terminar la secundaria con una chica del instituto. Mis suegros vendieron su piso entonces para comprarle a él uno de dos habitaciones, y ellos se fueron a un estudio. Poco después mi suegro enfermó y falleció.

Al tiempo, Hugo y su primera mujer se separaron tras tener dos hijos. Él les dejó el piso familiar y ahora su ex vive allí con su nueva pareja y sus tres hijos. Y claro, después del divorcio, Hugo volvió al estudio de su madre:

Mamá, me quedo contigo una temporada. Ahora que estoy solo, ya veré cómo me apaño, soñar es gratis

Pero nada, la temporada se le hizo eterna, y al final trajo a su nueva novia a vivir allí.

Y así llevamos años Mi suegra se lleva un fin de semana sí, otro también, a los hijos de Hugo con las dos diferentes mujeres: un lío monumental en casa.

Al final, tras mucho aguantar, le dijimos a mi suegra que tenía que buscarse una solución, que así no podíamos seguir. Se puso a llorar, una vez más, y casi le da una crisis de nervios.

Me tocó hablar directamente con Hugo, que era hora de salir del estudio de su madre. Pero puso el grito en el cielo: que no puede pagar un alquiler con el sueldo que tiene, que tiene que cuidar de sus niños, bla, bla, bla. ¿Y qué se supone que tengo que hacer yo?

Últimamente, la convivencia con mi suegra es insostenible. Ni me apetece volver a casa después del trabajo. Por eso, hablé muy en serio con Martín y le dije que tenía que solucionar lo de su madre, porque si no, me planteo el divorcio.

Martín se quedó a cuadros, porque claro, le da pena y no sabe dónde meterla, que tampoco la va a dejar tirada por la calle.

Le propuse que su madre se busque un estudio para alquilar, que, gracias a Dios, recursos no nos faltan. Pero mi suegra se negó rotundamente. Dijo que lo que hay que hacer es pagar un piso de dos habitaciones para Hugo y su familia, y que así, ella volvería a su estudio.

Vamos, que me parece el colmo del morro. Le avisé que si en una semana no se iba, le ponía todas sus cosas en la puerta y que cada uno se apañe como pueda.

Porque ni estoy obligada a mantener a la familia de mi cuñado, ni mucho menos a buscarles piso. ¡Hombre, por favor!

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