Los niños vinieron de visita y me llamaron mala ama de casa.
Recuerdo, como si fuera ayer, aquel día previo a mi cumpleaños en que me puse a preparar los platos para la celebración. Pedí a mi marido que pelara las verduras y troceara las ensaladas, mientras yo me encargaba de dorar la carne y cocinar el resto de manjares. Pensaba que había logrado un banquete delicioso con el que agasajar a toda mi familia, que por entonces era ya bastante numerosa. La mañana de mi cumpleaños, mi marido y yo fuimos a la pastelería del barrio para comprar una tarta grande y, sobre todo, recién hecha, confiando en que a mis nietos les encantaría.
Los primeros en llegar fueron mi hijo con su esposa y su pequeño, luego mi hija mayor con sus dos hijos y, por último, mi hija mediana acompañada de su esposo y sus niños. Nos sentamos todos a la mesa, y se oía el tintinear de las cucharas y tenedores compitiendo entre sí. Nadie parecía quedarse con hambre, había comida suficiente para todos. Los nietos salieron tan saciados que dejaron sus pequeñas huellas en la pared con las manos sucias, y los mayores lograron manchar el mantel. Mientras tomábamos el café, mi hija mayor, medio en broma, me lanzó:
Has puesto bien poco en la mesa Comimos, ¿y después qué?
Aquellas palabras me dolieron más de lo que habría querido admitir. Aunque todos se rieron, porque lo tomaron a chanza, yo me sentí herida. Siempre intento guardar algo para los niños, pero cocinar para una familia tan grande no es sencillo. Solo tengo cazuelas pequeñas y un horno viejo, y no puedo gastar toda mi pensión en un solo convite.
No te apures, mujer me susurró mi marido mientras íbamos a por la tarta, todo estuvo tan rico que por eso no ha sobrado nada. Si quieren más, diles que les pases las recetas y que se animen a cocinar. Y para la próxima, que cada uno traiga algo. Son muchos, y nosotros solo dos.
Y así, entre risas, consejos y el aroma de la tarta recién cortada, seguimos compartiendo aquellas reuniones en nuestro hogar madrileño, donde los lazos de la familia siempre han sido lo más importante.







