Mi madre, Carmen, siempre está del lado de mi padrastro, Alejandro. Un día ya no lo soporto más y decido ponerle fin a todo.
Vivo con mi madre y mi hermana menor, Begoña, y mi abuela, Doña Pilar, que reside cerca y nos visita a menudo. No recuerdo nada de mi padre biológico, pero sí la figura del padre de Begoña, que aún recuerdo.
Al principio Alejandro me trata bien, pero después de que empiezo a vivir con ellos, ambos parecen olvidarse de que existo. Con frecuencia levanta la mano contra mí. Lloro en silencio, porque no quiero decirle nada a mi madre. Un día ella ve con sus propios ojos cómo me trata y el asunto estalla.
Surge una fuerte discusión entre mi madre y Alejandro, y él desaparece de nuestras vidas para siempre. Desde entonces somos tres y somos felices. Doña Pilar se encarga a menudo de cuidar a Begoña. Tras terminar el bachillerato, decido estudiar en mi ciudad, Madrid, aunque había pensado en ir al extranjero. No puedo dejar a mi familia atrás.
Un día mi madre propone vender los dos pisos que tenemos el nuestro y el de Doña Pilar para comprar un piso de tres habitaciones en la misma calle. Así podríamos vivir todos juntos y habría sitio suficiente para cada uno. Aceptamos la idea y nos mudamos al nuevo piso. Yo tengo mi propia habitación, Begoña comparte habitación con la abuela y mi madre ocupa la tercera. Todos estamos contentos.
En el nuevo barrio mi madre conoce al vecino de al lado, Don Antonio, un viudo de la misma edad que ella. Desde ese momento él le presta atención y ella empieza a florecer.
Más tarde mi madre invita a mi tío Roberto a vivir con nosotros. Él decide alquilar su propio piso y se instala. Todo parece ir bien, al menos yo lo creo, hasta que empieza a insultarnos, sobre todo a mí. Sus comentarios crean roces constantes entre nosotros, pero mi madre siempre se pone de su lado.
Me siento cada vez más incómodo, así que decido mudarme a otra ciudad para seguir estudiando. A mi madre no le preocupa; al contrario, la veo aliviada porque ya no tiene que elegir entre mí y el tío Roberto. Sin embargo, yo no me siento mejor. ¿Cómo se puede cambiar a un hijo por otro hombre?







