Divorcio por la vecina: María, tras veinte años de matrimonio ejemplar en Madrid, descubre la traición de Valerio, seducido no por una joven sino por una divorciada del barrio con hijo; ante el escándalo, familiares y amigas la presionan para perdonar, pero al recordar el consejo sabio de su difunto padre, María elige romper el círculo de manipulación y rehacer su vida, a pesar de las críticas y el asedio, mientras sus propios hijos deciden con ella cortar lazos con quienes insisten en salvar un matrimonio ya roto.

Divorcio por culpa de la vecina

Solo explícame, ¿por qué de todas las mujeres del mundo elegiste precisamente a ella? ¿Por qué dejarme a mí y marcharte con ella?

A María, la nueva pareja de Javier, le ganaba en todo. Y ni siquiera es que él intentara justificarlo diciendo algo como es simpática, desenfadada, menos estricta, no tan pesada como tú.

Pero, ¿cómo puede ser, María? ¡Si parecíais tan felices! lamentan su madre, su hermana y las incontables amigas al enterarse del inminente divorcio.

Lo éramos -asiente María- Pero eso ya se terminó.

María, piénsalo treinta veces antes de dejar a un hombre así. Él mantiene la casa, adora a los niños, ni siquiera quiere separarse de ti

Esa frase fue suficiente para que María eliminara de su vida a quien se atreviera a pronunciarla, tanto en redes sociales, como en chats y, por supuesto, en la vida real.

Esa compañera de trabajo, con la que charlaba con total naturalidad, ahora solo recibía un breve asentimiento y un escueto hola al cruzarse.

Y al intentar acercarse como antes, María la paró en seco, reprochándole sus consejos no pedidos y la presión casi violenta para que volviera con un marido infiel.

¡Infiel, sí! María todavía no termina de asimilar la situación.

¡Pero si todo iba bien! Veinte años juntos desde la universidad, y tras compartir más sal que la que cabría en un camión, según el refrán, ya tendrían el matrimonio hecho.

Había habido de todo: épocas sin blanca, paro, enfermedades propias y de los niños

Eran dos hijos: Pablo y Lucía, el pack completo. La casa siempre limpia, con la comida hecha, y a María nunca le dolía la cabeza

Cuidaba su aspecto, no trataba a Javier como a un cajero automático, encontraba tiempo para él, no le apartó de su vida tras nacer los niños

Entonces, ¿qué más quería este mujeriego para irse de repente a buscar otra?

Y encima, ¿con quién? Al menos si se hubiera enamorado de una jovencita podría comprenderse, pero no. Javier se dejó llevar por la cabeza equivocada y acabó con una divorciada con niño del portal de al lado.

Dímelo de una vez, ¿qué le ves a ella?

María oscilaba entre la risa y el llanto cuando salió a la luz la infidelidad y Javier tuvo que explicarse ante su mujer.

Solo explícame, ¿por qué ella? ¿Por qué dejarme a mí por irte con ella?

A María la nueva le superaba en todo. Y ni siquiera es que él intentara justificarlo diciendo que Karina fuera más divertida, libre o menos exigente

Ni siquiera supo darle esos motivos tan típicos por los que una podría quedarse más tranquila, entendiendo que la otra encajaba mejor.

¡Nada de eso! Ni siquiera eso supo decir.

¿Fue por una borrachera? Tampoco, iba más sobrio que un juez.

Lo más que balbuceó fue el clásico pasó sin querer y, desesperado, suplicaba volver a casa entre lamentos y humillaciones propias.

Y para sorpresa de Karina, Javier no planeaba dejar a María ni mudarse con su nueva novia.

El hombre creía que podía hacer su travesura como un gato pillo y, tras un rato, volver a casa con cara de niño bueno, echándose en la cama como si Karina nunca hubiera existido.

Y quizá habría sido así, si no fuera porque su amante se quedó embarazada y decidió que ya era hora de arrastrar al papi al Registro Civil por todos los medios.

Así que se plantó en casa de María armando un escándalo.

Al principio, María no quiso creerlo. ¿Cómo hacerlo, después de veinte años con ese hombre al que creía conocer como la palma de su mano?

Pero Karina lo sabía todo: las marcas de nacimiento, los lunares, la cicatriz en la espalda, detalles que solo se conocen de ver a alguien como Dios le trajo al mundo.

Así que la relación era cierta. acorralado, Javier no tuvo más remedio que confesarlo e intentar pedir perdón.

De un modo inesperado para María, varios conocidos no sus amigos comunes, sino gente como su compañera de trabajo, algunas amigas de la infancia, familiares lejanos se pusieron de parte de Javier.

Todos insistían, como una sola voz, en que debía perdonar y seguir amando a Javier como si nada hubiera pasado. Eso es justo lo que María no logra entender.

Vale, que la suegra le rogara salvar la familia, tiene sentido; ve a su hijo arrepentido, quiere ayudarle, e intenta convencerla con historias de lo mala que será la vida sin un hombre. Incluso intentó, al principio, que los niños pidieran a su madre que no se separara de su padre. Miserable y rastrero, pero hasta lógico.

Pero, ¿el resto? ¿Por qué les importa tanto su familia o que María rompa el matrimonio? ¿Como los cangrejos en un cubo, que si tú estás en la miseria, que los demás también estén?

María no lo sabe, pero está segurísima de que no va a soportar ese trato.

Fue hija de su padre, ya fallecido, y de él aprendió la lección más valiosa, casi el único consejo que repetía y que ella grabó a fuego.

Hija, si te llaman egoísta y te dicen que debes aguantar, que tienes que ceder, compartir, perdonar solo porque así se hace o porque algún dios lo dice

No lo creas. Solo quieren aprovecharse de ti, solucionar sus problemas a costa tuya o sacar algún beneficio.

Ese consejo la acompañó toda la vida y vio, una y mil veces, que cuando empiezan con la culpa y los deberes no pedidos es justo cuando intentan manipularte.

Y María no deja que la manipulen. Los hijos, por cierto, tampoco, ya que tras presentar el divorcio su suegra la llamó, exigiéndole que hiciera que Pablo y Lucía desbloquearan a la abuela en WhatsApp.

Es que no para explicó Lucía en la cena.

Pablo esa noche dormía en casa de su novia, así que Lucía daba la cara por los dos.

Todo el santo día diciendo que tenemos que juntaros otra vez, que sería bueno que papá y tú volvieseis y toda esa cantinela.

Ya se lo he dicho una y dos veces, que se apañen sin nosotros, pero es como si no me oyera, no para de repetirse.

Así que la bloqueé, hasta que deje de ser la abuela disco rayado y se ponga en modo abuela normal.

Gracias. Imagino que no te debe de gustar nada lo que está pasando, y te agradezco que no caigas en esas manipulaciones ni te unas al coro de la abuela.

Mamá, que no soy tonta suspira Lucía Sé lo que ha hecho papá. Si os hubieseis peleado porque no os ponéis de acuerdo en si veraneáis en San Sebastián o en Valencia, eso se arregla.

Pero esto la infidelidad no la perdona nadie normal. Y papá lo sabía. Si se iba con Karina sabiendo eso

Mamá, le quiero, sigue siendo mi padre, pero ¿qué esperaba que pasara? ¿Y qué espera la abuela ahora?

María no sabe responder. Hace un mes habría jurado que tenía respuesta para todo lo que su hija le preguntara.

Pero ¿cómo responder, si ni ella lo entiende? ¿Por qué alguien, después de comportarse veinte años como el marido ideal, de repente hace algo así?

Vale que han pasado cosas en la vida, pero nunca nada tan bestia. ¿Crisis de la mediana edad, quizás?

Parece que en los huesos, o en la cabeza, o en el diminutivo de su propio nombre, a Javier aún le bailan muchos demonios.

Y decidió soltarlos todos sobre la ex familia, mostrándose tal como es, de una forma bastante original.

Todo esto sucede cinco años después del divorcioMaría sintió, por fin, que la vida volvía a sus manos. Lo descubrió un martes cualquiera, al regresar del trabajo y dejar las llaves sobre la mesa. Ya no hubo miedo: ni de la soledad, ni de la culpa, ni del futuro.

Salió al balcón y el aire de la tarde olía a libertad, ese aroma tan ajeno durante años y tan propio ahora. En frente, la ventana de Karina estaba abierta y, por primera vez en meses, le devolvió una sonrisa. No de enemiga, sino de quien ha sobrevivido al mismo huracán.

No necesitaba respuesta para cada por qué. Las heridas duelen un tiempo, sí, pero María comprendió que ningún perdón ajeno ni de Javier, ni de la suegra, ni del coro de opinólogos podía coserlas. Solo el paso firme de dejar atrás la jaula que otros habían construido para ella.

Esa noche, Lucía se metió en su cama y madre e hija se rieron con ganas, como hacía siglos. Volverían los días buenos, distintos, imprevisibles, ya lejos de aquella versión de familia feliz que solo servía para las apariencias.

Javier, en cambio, se quedó atrapado en el laberinto de sus elecciones, entre dos puertas cerradas y el eco retumbando: pasó sin querer. María eligió la suya propia, y tras dar un portazo suave al pasado, supo que el mejor futuro era aquel en el que, finalmente, era ella quien decidía cómo y con quién reírse al final del día.

El amanecer encontró a María haciendo café, mirando la luz colarse entre las ventanas nuevas, y, por primera vez, sintió la certeza luminosa de que después de tanto, todavía estaba a tiempo para todo sobre todo, para ser feliz.

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MagistrUm
Divorcio por la vecina: María, tras veinte años de matrimonio ejemplar en Madrid, descubre la traición de Valerio, seducido no por una joven sino por una divorciada del barrio con hijo; ante el escándalo, familiares y amigas la presionan para perdonar, pero al recordar el consejo sabio de su difunto padre, María elige romper el círculo de manipulación y rehacer su vida, a pesar de las críticas y el asedio, mientras sus propios hijos deciden con ella cortar lazos con quienes insisten en salvar un matrimonio ya roto.