Ganas un dineral, ¿verdad? La hermana de mi esposa me pidió dinero prestado y se fue de vacaciones a la costa. Este verano, la querida hermana de mi mujer vino a visitarnos. La llamo “la mimada”, porque en las reuniones familiares la madre, el padre y todos no hablan de otra cosa: fue una estudiante genial, terminó la universidad, encontró trabajo en su especialidad, ¿acaso no es la hija perfecta? En cambio, la hermana mayor ni siquiera terminó sus estudios y se casó joven, pero eso no les preocupaba porque yo tenía una posición desahogada, con mi propio negocio, un piso, coche y buenos ingresos. Desafortunadamente, la mejor hija siempre fue la hermana menor de mi esposa. Y este verano la hermana de mi mujer vino y me pidió un préstamo para ahorrar para la entrada de un piso porque quería pedir una hipoteca y no tenía dinero para el depósito. Para mí no era tanto, así que accedí sin problema. Me dijo que trabajaba en la administración pública y que me devolvería el dinero puntualmente. Así que le dejé el dinero y casi me juró que cada mes me lo devolvería. Solo una semana después se marchó de vacaciones a la playa. La verdad, me quedé perplejo, porque una persona que no tenía dinero para una hipoteca, sí encontraba para unas vacaciones. Cogió unos días libres y les iba diciendo a los familiares que se había pasado el año ahorrando para esas vacaciones, pero había algo curioso: aún no había pedido ninguna hipoteca. Le pregunté y me dijo que lo había pensado mejor y que ya no le interesaba el piso. Le pedí que me devolviera el dinero y me respondió que no tenía nada, que se lo había gastado todo en la playa. Fue entonces cuando entendí que nunca pensó en comprarse ningún piso. Le pedí educadamente que devolviera la deuda cuanto antes, ya que ese dinero se lo di para comprarse un piso, no para irse de vacaciones. Su respuesta fue muy ofensiva: -Voy a ganar muchísimo dinero, puedes esperar, ahora mismo no tengo nada. ¿Adivinas cómo terminó la historia? Pues sí, porque le contó a su madre que yo le había pedido el dinero antes de tiempo y que así no se puede tratar a la familia, con lo que la hija pequeña volvió a ser un angelito y nosotros pasamos a ser los ricachones despiadados.

¿Ves qué cantidad de dinero tenía? La hermana de mi esposa pidió un préstamo y luego se fue a la playa.

Aquel verano, la querida hermana pequeña de mi esposa vino a visitarnos a Madrid. Siempre le decíamos de apodo la mimada, porque en cualquier reunión de familia, los padres y los abuelos no hablaban de otra cosa más que de ella: que si era una estudiante brillante, que si terminó la universidad con matrícula de honor, que si había conseguido un empleo fijo en el Ministerio la hija perfecta por excelencia, sin discusión.

En cambio, la mayor, que es mi mujer, ni siquiera acabó la carrera: se casó conmigo a los pocos años de empezar. Pero a sus padres nunca les importó demasiado, quizá porque yo tenía cierta posición; había montado mi propio negocio, disponía de un piso en el centro, un coche aceptable y un ingreso que nos permitía vivir sin apuros. Sin embargo, la auténtica joya de la corona seguía siendo la hermana más joven de mi esposa.

Pues bien, como os decía, ese verano su hermana vino a casa y me pidió que le prestara dinero: quería dar la entrada para comprar un piso, pero no tenía suficiente ahorrado para hacer el depósito inicial. Para mí no suponía una fortuna, así que acepté sin darle más vueltas. Me aseguró que su empleo era estable y que devolvería cada euro puntualmente.

No pasó ni una semana desde que le di el dinero cuando, para mi sorpresa, supe que se había marchado de vacaciones a la Costa Brava. No os voy a engañar: la noticia me pareció extraña, porque una persona que apenas tenía dinero para un piso encontrase de repente para pasar unos días en la playa digamos que no me cuadraba.

A todos les contaba que llevaba un año ahorrando para aquel viaje soñado, aunque lo cierto es que todavía no había iniciado siquiera los trámites del piso. Al preguntarle sobre el asunto, me confesó que había cambiado de idea.

Le pedí que devolviera el préstamo, al fin y al cabo, yo se lo di con la intención de ayudarla a comprar su vivienda y no para financiarle las vacaciones. Su respuesta me indignó de verdad:
Voy a ganar mucho dinero, aún puedes esperar. Ahora mismo no tengo ni un euro, ya lo gastaré todo en la playa.

Ahí fue cuando caí en la cuenta de que nunca tuvo verdadera intención de comprar nada.

Se lo sugerí amablemente, insistiendo en que por favor me devolviera el préstamo cuanto antes, pero esa fue la última conversación razonable que tuvimos. Porque, al poco, le contó a mi suegra que yo le estaba exigiendo el pago antes del plazo, que nadie trata así a la familia, y como era de esperar, una vez más la hija pequeña quedó como un ángel y nosotros, los ricos egoístas, los malos de la película. Así son las historias en las buenas familias de nuestra tierra, amigos míos.

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MagistrUm
Ganas un dineral, ¿verdad? La hermana de mi esposa me pidió dinero prestado y se fue de vacaciones a la costa. Este verano, la querida hermana de mi mujer vino a visitarnos. La llamo “la mimada”, porque en las reuniones familiares la madre, el padre y todos no hablan de otra cosa: fue una estudiante genial, terminó la universidad, encontró trabajo en su especialidad, ¿acaso no es la hija perfecta? En cambio, la hermana mayor ni siquiera terminó sus estudios y se casó joven, pero eso no les preocupaba porque yo tenía una posición desahogada, con mi propio negocio, un piso, coche y buenos ingresos. Desafortunadamente, la mejor hija siempre fue la hermana menor de mi esposa. Y este verano la hermana de mi mujer vino y me pidió un préstamo para ahorrar para la entrada de un piso porque quería pedir una hipoteca y no tenía dinero para el depósito. Para mí no era tanto, así que accedí sin problema. Me dijo que trabajaba en la administración pública y que me devolvería el dinero puntualmente. Así que le dejé el dinero y casi me juró que cada mes me lo devolvería. Solo una semana después se marchó de vacaciones a la playa. La verdad, me quedé perplejo, porque una persona que no tenía dinero para una hipoteca, sí encontraba para unas vacaciones. Cogió unos días libres y les iba diciendo a los familiares que se había pasado el año ahorrando para esas vacaciones, pero había algo curioso: aún no había pedido ninguna hipoteca. Le pregunté y me dijo que lo había pensado mejor y que ya no le interesaba el piso. Le pedí que me devolviera el dinero y me respondió que no tenía nada, que se lo había gastado todo en la playa. Fue entonces cuando entendí que nunca pensó en comprarse ningún piso. Le pedí educadamente que devolviera la deuda cuanto antes, ya que ese dinero se lo di para comprarse un piso, no para irse de vacaciones. Su respuesta fue muy ofensiva: -Voy a ganar muchísimo dinero, puedes esperar, ahora mismo no tengo nada. ¿Adivinas cómo terminó la historia? Pues sí, porque le contó a su madre que yo le había pedido el dinero antes de tiempo y que así no se puede tratar a la familia, con lo que la hija pequeña volvió a ser un angelito y nosotros pasamos a ser los ricachones despiadados.