Tenemos dos hijos, pero solo queremos a uno.
Yo siempre supe que mis padres ponían a mi hermana, Carmen, por encima de mí. Lo confirmaron cuando, tras mudarse a su casa con sus dos niños, me dejaron sin opción y me dijeron que debía marcharme de inmediato porque, con tu teletrabajo puedes permitirte un piso.
Cuando ella empezó la carrera en la Universidad Complutense, sus padres la seguían como si fuera una niña pequeña: hacían los recados al decanato, la asistían en las reuniones y ahora cuidan a sus hijos. Yo nunca recibí esa ayuda y, ahora, me echan de la casa.
Mi padre dice que, al ser hombre, debo saber salir adelante por mí mismo, pero por alguna razón el marido de mi hermana, que es mayor que yo, no tiene que mantener a la familia.
Durante la discusión sobre la mudanza dije una tontería: que yo tenía el mismo derecho que Carmen a quedarme en el piso y que también me correspondía una parte. Entonces mi madre, Isabel, me espetó que ella y mi padre seguían allí y que yo era un cerdo por hablar de repartir la propiedad. Carmen, por su parte, me acusó de intentar echarla a ella y a sus niños del apartamento.
Legalmente no hay salida, porque estoy seguro de que mis padres redactarán pronto un testamento para desheredarme.
¿Es posible que una familia se fraccione por un piso? Yo también soy hijo de esos padres y me tratan como a un extraño. Entonces, ¿para qué tener dos hijos si, al final, uno se vuelve prescindible?







