Mi suegra se llevó una gran sorpresa cuando vino a nuestro jardín y descubrió que no había ni verduras ni frutas plantadas en él

Tía, no sabes la que me pasó el otro día con mi suegra. Resulta que vino a nuestra casa de campo, una casita que está en las afueras de Valladolid, y se llevó una buena sorpresa cuando vio nuestro jardín. Es que no tenemos ni una mata de tomate, ni pimientos, ni tan siquiera una ramita de perejil.

Te cuento un poco: los padres de Hugo, mi marido, tenían una huerta de toda la vida. Sus padres ya no tienen fuerza ni salud para andar cavando y regando, así que nos la han dejado a nosotros para seguir con la tradición. La abuela de Hugo era una maravillosa jardinera; plantaba pepinos, tomates, manzanas, de todo Y luego lo metía en tarros y lo repartía entre los vecinos. Ahora, toda esa responsabilidad ha caído sobre mis hombros.

El caso es que ahora nosotros solo queremos disfrutar de la parcela para hacer barbacoas, relajarnos los fines de semana y poner una hamaca. Pero claro, a mí lo de trabajar la tierra como hacían antes me daba una pereza tremenda, así que Hugo y yo decidimos convertir todo el huerto en un jardín de flores precioso. Además, ganamos suficientemente bien como para comprar toda la fruta y verdura que queramos en el mercado o simplemente en el supermercado. Cambiamos las tomateras por césped, y ahora tenemos un jardín enorme y verde.

Pues el caso es que mi suegra se quedó flipando cuando vino y vio que no había ni una sola hortaliza. Me soltó que no valgo nada como ama de casa, que no sé hacer nada bien y que todo lo que toco lo estropeo. Y el otro día, para colmo, fue un vecino a visitarla, preguntándole por sus encurtidos. Ella, ni corta ni perezosa, sacó un tarro de flores secas y le dijo: Esto es lo que me queda de las cosas ricas que hacía antes. Llévate el tarro a tu mujer y a tus nietos, porque a mi nuera eso de la huerta no le va y yo ya no puedo hacer más.

No te puedes imaginar mi cara Me dieron ganas de saltar, pero me aguanté. Ahora viene lo mejor: ahora la señora quiere recuperar la parcela solo para ella, que se la arreglemos para poder volver a plantar tomates y calabacines… Y yo que ya me imaginaba los veranos tumbada en la piscina, sin tener que preocuparme de regar ni de podar nada Así que no sé muy bien qué hacer. Todo estaba ya planeado para tener tranquilidad y un sitio bonito, y ahora parece que en vez de jardín de flores y piscinita para los críos, voy a acabar otra vez rodeada de lechugas

En fin, cosas de familia, ¿no?

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