He pedido a mi suegra, Carmen, que no venga a visitas nocturnas y ella sigue sin escucharme. Por alguna razón que no entiendo, cree que tiene derecho a aparecer sin avisar en nuestra casa. Nuestro hijo, Lucas, tiene un año. Le he impuesto una rutina estricta; si no se duerme a eso de las 20:00, prefiero no acostarlo, pues las dos horas que siguen se convierten en un infierno.
No sirve de nada discutirlo con Carmen. Por mucho que le pida que no llegue tan tarde, ella no me hace caso. No comprende que venir a la hora de la cena para ver al nieto de un año no es lo más adecuado.
Trabajo hasta tarde dice ella. Se queda quince minutos, juega con Lucas, lo hace reír, lo agita un poco y luego me toca a mí pasar la mitad de la noche intentando meter al bebé en la cuna. Después se vuelve inquieto y llora.
¿Qué hago?
Hoy he empezado a acostar a Lucas como de costumbre. Javier y yo ya habíamos elegido la película que íbamos a ver, cuando suena el timbre. Javier abre y se encuentra con su madre.
Me cuesta describir lo que siento. La ira me invade. Lucas está empezando a dentición y está muy inquieto; cualquier momento de tranquilidad lo valoramos al máximo. Trato de calmarme. Hay que mantener la serenidad, sobre todo porque se trata de la madre de mi marido.
Simulo una molestia, me toco la mejilla y grito:
¡Llegas a la hora equivocada! Tengo un dolor de muelas exclamo. No aguanto, no quiero ir sola al dentista. Quédate un rato con el bebé y luego nos vamos.
Javier no entiende nada. Se viste de prisa y salimos de la vivienda.
¿Qué espectáculo me estás montando? le pregunta Javier.
Al menos podremos ir a algún sitio solos. Y no olvides apagar el móvil le respondo.
Volvemos a casa pasada la medianoche. Carmen tiene que coger un taxi para regresar. Lucas duerme en su moisés, mientras pañales sucios y ropa manchada están esparcidos por toda la habitación. Juguetes, chupetes, sonajeros un caos artístico que cubre el suelo.
Carmen luce exhausta, el maquillaje corrido y su falda cubierta de excremento. Desde entonces viene menos y ya no se queda hasta tan tarde.







