Mi suegro creía que siempre le íbamos a mantener

9 de marzo

Hoy me siento especialmente cansada, así que he decidido escribir para desahogarme un poco. Mi suegro, Francisco, siempre pensó que continuaríamos manteniéndole, y de alguna manera aún no logro entender cómo llegamos a esta situación.

Francisco creció en una familia muy unida, cálida y amorosa. Pero todo cambió para él cuando, con 57 años, perdió repentinamente a su esposa. Entiendo que fue un golpe durísimo, y por eso, en aquel momento, acordamos vender su piso en Salamanca; repartimos el dinero, y lo recibimos en casa para que no tuviese que enfrentar en soledad esa tempestad emocional. Era la opción más sensata y humana.

La intención era que se quedara con nosotros unos seis meses, hasta que volviese a estar entero y pudiese buscarse su propio lugar, pero al final no fue así. Descubrió que le encantaba vivir con nosotros. No aportaba nada para gastos ni compra del supermercado, y yo, además de atender a los niños y a mi marido, me ocupaba de su ropa, le cocinaba y limpiaba su habitación. Él solo salía a trabajar, y el resto del tiempo disfrutaba de una vida sin preocupaciones, como si estuviese de vacaciones perpetuas.

Once años. Once años así. Y al cabo de un tiempo, comenzó a decirnos cómo debíamos hacer las cosas, imponía sus propias normas y hasta nos sermoneaba sobre nuestra vida. Nos hartamos. Decidimos comprarle una casita en las afueras de Valladolid, en un barrio tranquilo. Es un hombre sano, fuerte, perfectamente capaz de valerse por sí mismo.

Nos encargamos absolutamente de todo: eligimos la vivienda, la amueblamos, nos aseguramos de que no le faltase de nada. Pero entonces Francisco empezó a quejarse de supuestos dolores en el pecho y otras dolencias, buscando cualquier escusa para regresar a nuestra casa. Siento que solo inventa problemas para no estar solo, pero ya no me veo capaz de seguir así. Siento la necesidad de recuperar mi espacio, de vivir solo con mi familia más cercana, de descansar por fin. Estoy agotada.

No sé si esto me convierte en una mala persona. Pero deseo, de verdad, tener un poco de paz. ¿Estoy equivocada por querer esto?

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Mi suegro creía que siempre le íbamos a mantener