La hija le pidió a su madre que cuidara al bebé.
Esta historia me la contó un amigo. Su esposa, Begoña, había dado a luz hace poco a un niño de seis meses. Carlos trabajaba y Begoña estaba de baja por maternidad. Carlos es conductor y solo vuelve a casa después de las seis de la tarde, pero ese día el coche se averió y tuvo que llevarlo al taller.
En cuanto llegó al garaje, el chico supo al instante cuál era el problema. En el taller localizaron la falla, pero no disponían de la pieza de inmediato. Le aseguraron que la tendrían lista al mediodía del día siguiente. El jefe le permitió marcharse a casa. Carlos, aliviado, decidió dar una sorpresa a su mujer y, por eso, no le llamó ni le avisó que llegaría antes de lo habitual.
Abrió la puerta con la llave y, con paso sigiloso, entró al piso, intentando no hacer ruido porque sabía que su hijo estaba durmiendo. Se dirigió al baño y, tras medio día arrastrándose bajo el capó, se duchó sin sentir que estaba del todo fresco. Salió del agua y fue directamente a la habitación donde estaban su esposa y el bebé, sin ponerse ropa ni siquiera una toalla.
Mientras tanto, al no estar Carlos en casa, Begoña decidió acudir al médico y le pidió a su madre que cuidara al niño. La madre, acompañada del suegro, también había llegado. La suegra y el suegro estaban sentados, admirando al nieto dormido, cuando de pronto entró el yerno, ¡desnudo! El ambiente se volvió incómodo y silencioso. Carlos miró, tembloroso, a los padres de Begoña, y ellos le devolvieron la mirada.
Buenos días dijo Carlos, cubriéndose la zona con la mano.
Buenos días, buenos días repuso el suegro.
Carlos se quedó allí unos segundos, reflexionó, se vistió apresuradamente y se precipitó a la tienda.
Diez minutos después, todos estaban sentados con copas de brandy.
Me gustaría que este malentendido quedara entre nosotros como un pequeño secreto dirigió Carlos a los padres de su esposa.
¿Y de qué va? preguntó la suegra.
Mi mujer no se dio cuenta de nada intervino el suegro, apoyando a su hija.
Les estoy muy agradecido concluyó Carlos.
Para evitar situaciones tan embarazosas, lo mejor es avisar con antelación a la pareja cuando vengan los suegros.







