No eres mi esposa, eres una sirvienta. ¡No tienes hijos!
Mamá, Elena se ha mudado aquí. Estamos reformando el piso; no se puede vivir en él ahora. Hay una habitación libre, ¿por qué habría de quedar acumulando polvo? le contestó mi madre, la madre de Elena.
A ella esa idea le resultaba cómoda, cosa que no ocurría con mi mujer ni con mi madre. Mi madre nunca aceptó a la nuera.
Tengo que trabajar, no puedo quedarme aquí susurró Elena.
Ella teletrabaja, así que necesitaba silencio y tranquilidad. Yo paso todo el día en la oficina, y no es fácil convivir bajo el mismo techo con la suegra. Elena está acostumbrada a estar sola en casa, por lo que nadie le molesta.
Yo miraba a mi madre sin saber qué decir. Ella no quería que Elena se quedara en su casa, pero al final no hubo alternativa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a cenar.
Elena, sírveme tu ensalada de la casa dije.
Juan, no le eches esa química. Preparé otra, es más saludable refunfuñó la suegra.
Elena cambió de expresión. Mi marido yo soy alérgico a los tomates; ¿cómo pudo la suegra olvidarlo? Cuando era pequeño, ella no le ponía atención a esas cosas. Decía que no hacía falta ir al médico, que con una pastilla se pasaba.
Tiene alergia. ¿Por qué pusiste tomates en la ensalada? preguntó Elena.
¿De qué hablas? Es solo un tomate, no pasará nada replicó la suegra.
Se va a enfermar.
Elena, cálmate. No tiene alergia. Su propia madre le conoce mejor que tú.
Yo soy su esposa. Me ocupo de mi marido.
No eres mi esposa, eres una sirvienta. No tienes hijos. Cuando los tenga, lo hablaremos.
Elena se levantó de la mesa y se dirigió al dormitorio. La suegra siempre insistía en tocar los puntos dolorosos. Yo corrí a consolar a mi mujer.
Juan, perdona. Mejor me voy a casa de mis padres o al despacho. No viviré con tu madre.
Déjame hablar con ella. ¡Se callará!
No, ya lo hemos repasado mil veces. No vamos a arreglarnos bajo un mismo tejado.
Al final tuvimos que alquilar un piso por un tiempo para evitar otro escándalo familiar. La suegra, claro, se quejó, pero no tuvo más opción. Yo, por mi parte, no podía estar más agradecido de tener a una mujer tan comprensiva y paciente.







