Vecinos Extraños: La Pareja Misteriosa del Piso 222 en la Calle de los Poetas que Revoluciona las Vidas Cotidianas en la Escalera, Entre Ruidos Nocturnos, Suspiros y Aromas de Cocina, Inspirando Pasión y Cambios en las Familias López del 221 y García del 223

VECINOS EXTRAÑOS

En el piso 222 del portal 8, en la calle de Lope de Vega, se instalaron nuevos vecinos. Un matrimonio de poco más de cincuenta años, ambos bajitos y delgados. Él lleva barba y un abrigo gris. Ella suele llevar faldas largas y una boina de colores vivos. Son muy educados: en el ascensor siempre sonríen y sujetan la puerta si te ven cargado con bolsas. Y lo que no es poco importante en estos pisos de paredes finas: son silenciosos.

Al menos, eso pensábamos al principio. Pero al cabo de un par de semanas, los Gutiérrez del 221 y los Sánchez del 223 ya comenzaron a escuchar a los nuevos con toda claridad.

Esto no tardó en convertirse en tema de cena. Así se hablaba en casa de los Gutiérrez, ambos de unos 40 años y con media vida compartiendo apellido:

¿Has visto a los nuevos vecinos?
Sí, ayer subimos juntos en el ascensor.
¿Qué te parecen?
Normales, la verdad. Gente corriente. ¿Por?
Son de lo más cariñosos…
¿Cómo así?
Cuando todos os vais por el día, se queda una tranquilidad y se oye todo perfectamente. Ya llevan tres días con sus jueguecitos. De adultos, sí.
¿En serio?
Y encima con fantasía. Es que es como una película
Jaja, qué curioso.
Algún día los oirás tú también. Hace gracia, sí, pero en el fondo molesta y no me deja trabajar.
Anda ya, no seas carca, tienen sus años y siguen en la brecha.

Nosotros ni eso, pensó él, pero calló.

El sábado, el propio Gutiérrez fue testigo a la fuerza de otro de los «juegos». Esta vez, representaban la «clásica» escena del jardinero y la señora de la casa. Los Gutiérrez, escuchando entre rojos y risitas.

*****

Mientras tanto, los Sánchez, la pareja más joven del rellano, llevaban el siguiente diálogo. Apenas rozan los treinta, casados hace cinco años y esperando su primer hijo.

¿Has visto a los nuevos vecinos, Clara?
Sí, ayer en el portal me crucé con ellos. Son de lo más interesantes. Ella le cocina cada cosa Huele desde el descansillo, parece que vives en una taberna vasca. Y él siempre le trae regalos. Nunca llegan a casa con las manos vacías.
¿Tú cómo lo sabes?
Todos los días, al salir a pasear, se siente el olorazo. Y le he visto más de una vez con flores, incluso con bolsas de regalo. Y sube a casa corriendo como si fuera una cita.
Hum.
Igual ni están casados, igual son amantes.
Ni idea… Viven juntos, eso sí.
Y les oigo en la cocina, se ríen y cuchichean, como dos chavales novios.
Ya veo voy a ver si han empezado las noticias.

Ese viernes, Juan Sánchez coincidió en el ascensor con el vecino del 222. Este subía, con flores y una botella de Rioja, y cara de que esperaba una noche grande.

*****

Pasó el tiempo. Un mes ya llevaban los extraños vecinos en el 222.

Los Gutiérrez del 221 se habían acostumbrado a los sonidos tras la pared. Aquellos seguían con lo mismo: cada día, algo diferente, o suspiros dulces y el crujir del somier, viviéndolo como si fuera el último día.

Una tarde, Violeta Gutiérrez, con la mirada baja, le confesó a su marido:

Hoy he pasado por las Galerías Preciados y, no sé cómo, he acabado en la sección de lencería. Mira lo que he comprado abrió su bata.

A Juan Gutiérrez se le iluminó la cara, relamiéndose.

Pues yo el otro día entré en una tienda de cosas para adultos. Mira lo que te he traído, a ver si te gusta

Si no lo probamos, no lo sabremos Violeta se puso colorada.

*****

Ya han empezado susurró el vecino del 222, pegado a la pared compartida.

*****

Juan Sánchez, del 223, fue al mediodía a una joyería. Se acordaba de cuando solía mimar cada semana a su mujer, aunque últimamente ni un dulce llevaba en el maletín.

De pronto reconoció una chaqueta familiar.

¡Clara! la llamó. ¿Qué haces por aquí? Si esto pilla lejos
Nada, pasear balbuceó ella.
Mira, te he comprado estos pendientes no pudo resistirse.
Gracias, cariño le dio un beso. Hoy te haré pasta con gambas, como antes. Recuerda la receta, aquí venden las mejores gambas
¡Cómo olvidarlo! Se me hace la boca agua.
No tardes hoy, que la cena estará lista a las siete.
Vale contestó Juan, pensando: mejor llevo un ramillete de flores, por si acaso.

*****

¿Y ahora qué? preguntaba el hombre del 222.

Se ha puesto a cocinar algo especial contestó la mujer. Y parece que los de al lado también han retomado la faena.

*****

Al mes siguiente, costaba reconocer a los Gutiérrez. Parecían diez años más jóvenes, sin apartar los ojos el uno del otro, buscando cada rato para quedarse a solas. Incluso alguna vez se escapan de los niños y pasan la noche en un hotel, sin hartarse nunca el uno del otro. Tienen nuevas conversaciones y todo les va rodado.

*****

En casa de los Sánchez, el bebé está al caer y han empezado a salir de cita otra vez: cine, restaurante, exposiciones Clara rescató un libro de recetas antiguo y Juan la mima cada semana, y si no, siempre lleva una tableta de chocolate en el maletín. Ya ni recuerda cuándo fue la última vez que vio las noticias.

*****

¿Qué tal van? preguntó la mujer del 222.

Bien, crujen el somier flojito. Se nota que los niños están en casa. Y en general, se les ve mucho mejor, los sigo escuchando para asegurarme de todo.
Los otros, igual de bien. En la cocina como dos tórtolos, risas a todas horas. Y aquello huele como el mejor mesón.
Pues genial. Tres meses y todo encajado. Un par de semanitas más, y listo para afianzar resultados.
Perfecto. ¿Quién va después?
Simón, portal 4, piso 65. En el 66 hay una pareja desaparecida en la rutina, se han olvidado hasta los nombres, y en el 64 hay que poner orden en el dormitorio, como siempre.
Entendido. No recojo tus cintas aún, haz algo más de ruido tú. Y no cancelo el pedido de comida, los aceites aromáticos todavía aguantan. Por cierto, esas rosas a las que cambiaste el agua hace una semana, ya están pochas. Toca comprar otro ramo.
Lo haré. Hazme un masaje en la espalda, anda, y nos vamos a dormir…

Hoy, al cerrar el diario, me doy cuenta de que a veces los vecinos más peculiares pueden ser el revulsivo que necesitas para redescubrir el amor y la alegría en tu propia vida. Como dice el refrán: Quien canta, su mal espanta, y, al final, en cada piso se vive una historia distinta, pero todos buscamos lo mismo.

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MagistrUm
Vecinos Extraños: La Pareja Misteriosa del Piso 222 en la Calle de los Poetas que Revoluciona las Vidas Cotidianas en la Escalera, Entre Ruidos Nocturnos, Suspiros y Aromas de Cocina, Inspirando Pasión y Cambios en las Familias López del 221 y García del 223