No habrá boda
¿Por qué estás hoy tan callado? pregunta Lucía Habíamos quedado en que el sábado iríamos a mirar muebles para el dormitorio. Pero te veo raro, triste. ¿Qué te pasa?
Javier sabe que es ahora o nunca. Debe decirlo ya.
Luci Hay algo que quiero hablar Sobre la boda.
Lucía llevaba mucho tiempo esperando esa conversación. Ambos habían decidido hacer una celebración sencilla, pero ella notaba que Javier quería darle una boda de verdad, con muchos invitados, vídeo, una organización por todo lo alto ¡Ojalá sea ese el tema!
Venga, sin rodeos, que creo que sé por dónde vas sonríe Lucía.
Y Javier suelta:
Mejor mejor aplazamos la boda, ¿vale?
No era la conversación para la que ella se había preparado.
¿Aplazamos? se queda helada ¿Y esto a qué viene ahora? ¿Por qué? Si hace nada estábamos escogiendo las invitaciones ¡Si fuiste tú quien eligió el diseño! Estábamos decidiendo a quién invitar ¿Has cambiado de idea? ¿Ya no quieres casarte conmigo?
Lucía espera una confesión melodramática, un se me ha acabado el amor.
Pero Javier no responde el guion.
Es que andamos justos de dinero balbucea Me deben la nómina, no hemos logrado ahorrar. Y llevamos juntos solo medio año Quizá es un poco pronto, ¿no crees?
¿Pronto? se indigesta Lucía Javier, ¡llevamos tres años saliendo! ¡Tres años juntos y medio año viviendo bajo el mismo techo, y eso te parece poco?
Ya no se le ve tan asustado.
No empieces, Luci. No quiero pelear. Solo es una pausa. No he cambiado de idea, pero una boda cuesta mucho.
Vale Pues firmamos nosotros dos solos y luego lo celebramos con los amigos.
Luci, eso no es una boda de verdad.
¡Pues que le den!
Pero tú soñabas con algo grande
Sobreviviré.
Qué excusas más extrañas busca.
Luci
A ver, dímelo claro. ¿Ha pasado algo? ¿No tienes claro si me amas? ¿O has conocido a otra? Porque lo de la boda cuesta mucho no me convence nada.
Javier niega con la cabeza.
No, Luci, te juro que no. Solo quiero que todo salga perfecto, ¿lo entiendes? Y ahora yo no puedo darte la boda ideal. Además, lo del tiempo: aún no nos hemos acostumbrado del todo el uno al otro. Hay que ver si realmente encajamos
Tenía lógica Era convincente, pero la intuición de Lucía daba la alarma. Javier nunca se ha esmerado tanto en convencerla. Además, fue él quien insistió en casarse rápido.
Simuló tragarse la versión.
Desde ese día, Javier se vuelve todavía más atento, como si quisiera compensar la boda suspendida: le pregunta siempre qué quiere comprar, friega los platos, está pendiente de los pequeños detalles Pero de ánimo sigue raro, cabizbajo. Por las noches mira al techo y suspira, y a los intentos de charla contesta con un escurridizo Nada, es el cansancio.
Lucía no le presiona. Más adelante, ya vendrá, se repite.
Un par de semanas después les invita la familia de Javier a cenar. A Lucía no le apetece nada ir, pero no tiene escapatoria. Además, su familia preguntará por la boda, es inevitable.
Allí lo sacan enseguida.
¿Cuándo vais a darnos una alegría? pregunta su madre, Carmen, cuando el padre se va al salón Ya tenemos elegido restaurante para el banquete, una mesa para veinte. ¿Qué día reservo?
Javier pone la misma cara de vinagre que Lucía. ¿Reservar? ¿El qué, si no habrá nada?
Mamá, ya te dijimos que hemos aplazado todo gruñe.
¿Aplazado? ¿Por qué? ¿Por dinero? Javier hijo, si eres el hombre, deberías haberlo pensado antes.
Después de cenar, mientras los hombres examinan una radio antigua sin reparar, Lucía va al baño a arreglarse.
Allí todo está reluciente, ni un grano de polvo. Ni cremas ni colonias: aquí solo gel y champú, su suegra lo guarda todo en su habitación. Lucía nunca entiende cómo no le da pereza andar de aquí para allá con los botes cada vez.
Se seca la cara con la toalla y de repente oye voces. Las paredes del baño parecen estar hechas para propagar secretos ajenos. Javier habla con su madre en la cocina y Lucía escucha
Javier, ¿no te estarás planteando dejar a Lucía, verdad?
Lucía se queda congelada. ¿Qué?
Sin hacer ruido, acerca la oreja a los azulejos.
Mamá, ya te he dicho: lo hemos aplazado, pero no hemos roto.
Aplazado es una excusa bufó Carmen Te lo veo en la cara, lo mal que estás. ¿Para qué la quieres? Esa no es mujer para ti. Una mujer tiene que hacer caso a su marido, y ésta ¿Para casarte y divorciarte al año?
La quiero, mamá responde Javier.
Lucía podría haber sonreído emocionada.
Pero la siguiente frase de Carmen le borra la ternura de golpe:
¿Que la quieres? Esa chica es muy lista, Javier, te lo advertí. Aún sin ser tu mujer ya te ha distanciado de nosotros. Dejas de ayudar a tu hermana, dejas de venir a la casa de campo Está cambiándote, y no para bien.
Lucía sigue pegada al frío azulejo. ¿Qué la ha distanciado de ellos? Siempre ha sido extremadamente cordial con los padres de Javier, incluso cuando don Esteban criticó su corte de pelo nuevo. Le dolió, pero se calló.
Jamás recuerda haber intentado poner a Javier en su contra. Es más, ella le ha animado a verles, sabiendo lo importante que es la familia para él.
Y entonces lo entiende: lo de aplazar la boda no es dinero es la madre de Javier, mintiéndole a la cara, quien está en contra del matrimonio.
Lucía regresa a la cocina.
¡Ay, Lucía! Justo hablabámos de que no hay que alargar tanto las cosas. Entiendo la juventud, pero lo de vivir juntos sin casarse no me convence.
Qué amable, qué detalle.
Por supuesto, doña Carmen dice Lucía No tardaremos mucho. En cuanto ahorremos un poco más, vamos al registro, ¿verdad, Javier?
Claro, Luci, ya puedes decir que estamos casi casados responde él.
Esa noche, al volver a casa, Javier trata de abrazarla en el coche, pero Lucía se aparta. No sabe bien cómo arrancar el tema. ¿Merece la pena? Si él no la deja por órdenes de su madre, será porque de verdad le quiere Pero la boda está en el aire.
Estuviste raro, cuando tu madre habló le dice ella, mirando las luces del Paseo del Prado perderse en la distancia.
¿Yo? No, es que insiste con la boda y
No mientas. No te está presionando para casarnos, está en contra. Me acusa de alejarte. quiere que lo dejemos.
Javier aprieta el volante.
¿Has escuchado? Luci, es que tiene miedo de perder a su niño, no pasa nada, se le irá pasando.
Lucía no se ofende por la madre. Lo que le preocupan son las palabras de Javier: él no la defiende, simplemente asiente para evitar problemas.
El asunto queda en el aire. Javier sigue con el ánimo mustio y cuando Lucía menciona el futuro, él responde: Ya veremos
Un día, a Lucía le aparece el móvil de Javier desbloqueado sobre la mesa.
Solo miro la hora se disculpa a sí misma Ni leo los mensajes. Solo un ojo
Lo primero que ve es un mensaje de su hermana, Marta. Marta es dos años menor que Lucía, pero se comporta como si aún tuviese doce. Ni trabaja ni estudia, vive con los padres y depende de ellos para todo.
El mensaje dice:
Lo que me temía No veré un euro de ti. Otra vez mandilón perdido. Vive con ella si te importa más esa tía que la familia.
Lucía lee: otra vez mandilón.
Y recuerda
Antes de que se cancelara la boda, Marta pidió dinero a Javier de nuevo. Lucía, no aguantando más, le dijo:
Javier, Marta tiene veintisiete años, vive en casa de tus padres, y te pide dinero para irse de fiestas Igual ya le toca espabilar. No somos el Banco de España.
Creo que tenía derecho: en esa casa entraba tanto dinero suyo como de Javier y no le había prometido mantener a su familia.
Javier aceptó. No le hizo gracia, pero aceptó: sí, es verdad, toca dejarlo.
Ahora, está claro quién azuza a la familia contra ella.
Lucía coge el móvil, reenvía el mensaje de Marta a su propio número como prueba y lo deja justo en el mismo sitio.
Javier entra, sacudiéndose la lluvia y con una tableta de chocolate con almendras.
He traído pan, y también te compré ese chocolate que te gusta. Y pensaba Luci, ¿y si vamos mañana a
Javier le corta Lucía.
¿Qué? ¿Esperabas a otro? ¿Eh? bromea él.
Pero Lucía no responde la broma.
¿Qué te escribe Marta? pregunta.
Javier, para evitar que lo acorralen, se ofende:
¿Has estado mirando mi móvil mientras no estaba?
Lo de siempre: intentar desviar y culpar.
No importa, Javier. Quiero que me lo expliques ahora mismo.
Javier se queda unos segundos en silencio, con el rostro pasando de la indignación a la inquietud.
Bah, Luci, ni caso. Siempre está con lo mismo. Se enfada porque le pongo límites.
¿Enfadada por qué? ¿Por pedirle que madure?
Normal, siempre ha podido pedirme lo que quería. Corta costumbre, le cuesta. Pero no te preocupes, se le pasará.
¿Ha envenenado a tus padres contra mí?
Bueno sí reconoce Javier Intenté explicar que es nuestro dinero, que Marta tiene que buscarse la vida pero mi madre se pone en plan Lucía te tiene dominado, que ya ni ayudas a tu hermana, que solo vives para ella. Pero yo no pienso así
Pero cancelaste la boda Vale. Que tu familia está contra mí, lo asumo. Yo no puedo seguir fingiendo. Pero tú, ¿tú qué quieres? ¿Quieres casarte conmigo de verdad, o solo lo aplazas porque temes decirle no a tu madre?
Claro que quiero casarme contigo. Pero ahora ahora no puedo. Cuando todo se calme
Ya está claro.
Mira, Javier lo he entendido. No quiero casarme con alguien que no está seguro de sus sentimientos y tiembla con cada reproche de su hermana. Así mejor que la boda se haya cancelado.







