¿Acaso esa mujer furiosa, que parecía una bestia acorralada, era su madre? Sus palabras: «Eres el error de mi juventud» resonaban sin cesar en sus oídos.

**Diario Personal**

¿De verdad esa mujer fría, con mirada de fiera acorralada, era su madre? Sus palabras«Eres el error de mi juventud»resonaban en sus oídos sin cesar.

Lo poco que sabía Alejo de sí mismo era que lo habían encontrado llorando de hambre y miedo en la puerta de una guardería. Su madre, quizás movida por un último destello de conciencia, lo había envuelto en una manta gruesa, atándola con un pañuelo de lana de cabra, y lo había dejado en una caja de cartón. No quería, al menos, que se helara.

No había nota alguna con su nombre, fecha de nacimiento o procedencia. Sin embargo, en su pequeño puño cerrado, llevaba un medallón de plata con la forma de la letra «A». Una herencia, por así decirlo.

El medallón no era cualquieraera una pieza única, con el sello de un joyero. Las autoridades intentaron rastrear a la madre irresponsable, pero el caso se estancó. El joyero había fallecido de viejo, y sus registros no mencionaban aquella pieza.

Así, el niño quedó registrado en el orfanato como Alejandro Desconocido. Uno más entre los hijos del Estado.

Creció entre paredes grises, alimentado por un sistema que, aunque le daba techo, jamás le dio amor. Soñaba con encontrar algún día a sus padres.

Algo terrible debió pasar para que mi madre hiciera estopensaba, como tantos otros niños.

El día que dejó el orfanato, su cuidadora le colgó el medallón al cuello y le contó su historia.

¿Entonces quiso que la encontrara?preguntó él.

Quizárespondió ella. O tal vez solo lo arrancaste de su cuello sin querer. Los bebés agarran todo con fuerza.

El Estado le concedió un pequeño piso y una beca para estudiar. Terminó el instituto y empezó a trabajar en un taller mecánico.

***

Conoció a Albina por casualidad. Chocaron en la calle, primero de hombros, luego de frente cuando él se agachó para recoger las revistas de moda que ella llevaba. El impacto fue tan fuerte que vieron estrellas y se rieron entre lágrimas, sentados en medio del gentío. En ese instante, Alejo supo que estaba perdidamente enamorado.

Debo compensarte por mi torpezadijo. ¿Te invito a un café?

Albina asintió sin pensarlo. Había algo en él, una ternura desmañada, que le resultaba familiar.

Alejo, siento como si te conociera de toda la vidaconfesó a los cinco minutos.

No lo vas a creer, pero yo igual.

Empezaron a salir, inseparables. Se llamaban a cada rato, se enviaban mensajes. Era como si estuvieran conectados: si él se cortaba en el trabajo, ella lo llamaba al instante.

Tú eres yo, y yo soy túle dijo él una vez. Eres mi destino. Ojalá pudiera presentarte a mis padres Pero no tengo ninguno.

Pues tienes a mí. Y mis padres te van a adorar.

***

¿Cómo que «tu novio es del orfanato»? ¡Estás loca!Lidia, la madre de Albina, se llevó las manos al pecho y cayó en su sillón de piel. ¡Esos niños no tienen educación, son problemáticos!

Mamá, Alejo es bueno y amableprotestó Albina. No puedes generalizar.

Tiene razón, hijaintervino su padre, Iván, un militar retirado. Hay que conocer a alguien antes de juzgarlo. Tráelo, hablaremos con él.

¡No entiendes, Iván!gritó Lidia. No criamos a nuestra hija para que se case con un don nadie. ¿Y si viene de una familia de delincuentes?

Ya lo averiguaremosgruñó Iván.

Lidia no replicó. Salió de la habitación y cerró la puerta de un portazo.

Iván guiñó un ojo a Albina:

No te preocupes, hija. Todo saldrá bien.

***

El sábado, Alejo llegó impecable, con dos ramos de flores y un pastel. Albina lo recibió radiante y lo llevó a la cocina.

Mamá, papá, este es Alejo.

Iván le estrechó la mano. Lidia aceptó las flores y, de pronto, palideció. Se quedó muda, como si hubiera visto un fantasma.

Perdonen, creo que estoy un poco nerviosamurmuró al fin.

Durante la cena, señaló el medallón de Alejo:

Qué pieza tan singular. No parece de fabricación en serie.

Es lo único que tengo de mi madreexplicó él. Lo llevaba cuando me encontraron en el orfanato.

Lidia no volvió a hablar. Jugueteó con los guisantes en su plato mientras Iván y Alejo charlaban animadamente de fútbol y pesca.

¡Un chico estupendo!dijo Iván cuando Alejo se marchó.

¿Estupendo?estalló Lidia. ¡No tiene educación, ni modales!

Lidia, ¿qué te pasa?preguntó Iván, confundido.

Ella se volvió hacia Albina:

¡Termina con él! ¡Ahora!

No dio explicaciones. Se encerró en su habitación, como siempre.

***

¿Qué hago?pensaba Lidia, frenética. ¿Cómo es posible que se hayan encontrado en este mundo tan grande?

Sus ojos llorosos se posaron en una fotografía antigua escondida entre los libros. En la imagen, una versión más joven de ella lucía el mismo medallón.

Así que no lo perdí ¡Ese mocoso me lo arrancó!

Escondió la foto en su bolsillo: no podía dejar que Iván o Albina la vieran.

No durmió en toda la noche. La única solución era hablar con Alejo y convencerlo de irse.

Hija, perdóname por ayerle dijo a Albina por la mañana. Quiero disculparme con Alejo también. ¿Me das su número?

Albina, confiada, se lo dio y se marchó de buen humor.

Lidia llamó a Alejo:

¿Puedes venir a casa? Dentro de una hora.

Él llegó puntual. Lidia, pálida y ojeros

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MagistrUm
¿Acaso esa mujer furiosa, que parecía una bestia acorralada, era su madre? Sus palabras: «Eres el error de mi juventud» resonaban sin cesar en sus oídos.