¿Sabías que, cuando una ardilla encuentra a una cría desamparada, le brinda alimento y se asegura de que no tenga madre ni padre? Tras tres días de observación y de confirmar su situación, la madre la cuida, le da de comer y la presenta a sus propios retoños como si fuera una más de la camada.
La hembra ardilla se distingue por recibir a su compañero al volver cargado de provisiones con besos y caricias, aliviando el cansancio de la búsqueda de alimento para ella y sus crías. El macho, a su vez, declara su amor regalándole las más bellas rosas del jardín y las más grandes avellanas y almendras que ha encontrado.
Mamá Ardilla y Papá Ardilla forman una familia ejemplar, pues de su labor depende el futuro del bosque: la mitad de las semillas que acumulan terminan germinando y convirtiéndose en nuevos arbustos y árboles en la sierra. Sería maravilloso que la humanidad aprendiese de esta sabiduría animal.
Datos curiosos sobre la “sabiduría familiar” de las ardillas
– Cuidado de huérfanos. Los investigadores han visto repetidamente a ardillas hembras acoger crías abandonadas y criarlas como propias, una característica rara entre los animales.
– Fundadoras de bosques. Aproximadamente la mitad de las nueces y semillas que esconden nunca son recuperadas; así nacen nuevos árboles y arbustos, pues las ardillas, sin saberlo, plantan bosques.
– Gran memoria. Pueden recordar miles de lugares donde ocultan sus provisiones, usando la memoria espacial y puntos de referencia.
– Comunicación de amor. Los machos suelen llevar a las hembras las nueces más grandes y los frutos más jugosos, un verdadero “regalo de amor”.
– Atención social. Las ardillas se saludan oliéndose, rozándose suavemente el hocico y acicalándose mutuamente, gestos que expresan cariño y confianza.
– Papel en el equilibrio natural. Sin ellas, los ecosistemas forestales serían menos diversos; distribuyen semillas de decenas de especies, manteniendo la armonía del entorno.
La lección que podemos extraer es clara: la solidaridad con los más vulnerables, la generosidad al compartir y la capacidad de pensar a largo plazo fortalecen familias y construyen una sociedad más robusta.