-Lo que falta te hace ayudar a tu hermana. Después del divorcio no lo está pasando bien -dijo su madre con tono de reproche.
Las dos hermanas se sentaban alrededor de la mesa redonda en casa de su madre, escuchando sus críticas.
-¡Tu Diego es un consentido! -aseguró sin reparos Carmen- Trabaja lejos, pero trae a casa una miseria.
-Mamá, ¿sesenta mil euros ya no te parecen dinero? -preguntó con enfado Loreto, la hija menor.
-Me da igual. Lo importante es que pueda mantenerte -respondió la madre mientras fruncía los labios de molestia.
-Y él lo hace -dijo Loreto con el ceño fruncido.
-¡No lo veo! Ayer mismo me pediste cinco mil -recordó Carmen-. Si no puede mantenerte, divórciate. Busca a alguien que sí pueda. Además, mírale, el chico no está muy centrado.
-Mamá, creo que te estás pasando -intervino Alba, quien había permanecido en silencio hasta entonces.
-¿Acaso no tengo razón? Es desaliñado, pelirrojo y se le nota al hablar. Valo, mereces algo mejor. Aún estás a tiempo de divorciarte -le dijo a su hija menor.
-Mamá, Diego tiene manos de oro. Además, el físico no lo es todo -respondió Alba, intentando apoyar a su hermana-. Si lo mides todo por lo material, él tiene piso, coche y ama a Lore, eso es evidente.
Carmen miró despectivamente a su hija mayor, quien, en su opinión, se metía donde no la llamaban.
-Tú vives sola, aunque ya tienes treinta años, no des consejos. A los cuarenta te conformarás con cualquiera…
Valentina escuchaba en silencio, observando primero a una, luego a otra.
-Lo defiendes… Un piso pequeño, un coche de segunda mano… No hay nada que presumir -añadió Carmen con desdén.
-¿Qué opinas, Lore? -le preguntó Alba a su hermana, que permanecía en silencio-. ¿Tienes alguna opinión?
-No sé, quizás mamá tiene razón en algo -murmuró la chica, quien inicialmente defendía a su esposo pero ahora parecía ceder a las críticas de su madre-. Él me dijo que buscara trabajo…
-¡Lo ves! -Carmen cruzó los brazos-. Ya hemos llegado a este punto. No quiero ni pensar lo que vendrá.
-¿Por qué no puede trabajar y quedarse en casa? Pocos pueden permitirse ese lujo. Me sorprende que Diego no la haya animado antes -opinó Alba.
-¿Por qué lo defiendes tanto? ¿Estás interesada en él? -preguntó su madre con mirada perspicaz.
-Temo que este estrés que le causas arruine la vida de mi hermana -explicó Alba con calma.
-No es asunto tuyo -replicó Carmen con un tono amenazador-. Valo merece más. Si él la amara, haría que no le faltara nada. De acuerdo, si al menos Diego destacara físicamente, pero ni siquiera eso…
Con la boca abierta, Valentina escuchaba cada palabra de su madre.
Las palabras de Carmen hicieron efecto. Pronto Valentina comenzó a cuestionar a Diego.
-¿Crees que ganas suficiente? -le preguntó a su esposo.
-Me va bien, ¿por qué?
-No estoy de acuerdo -contestó moviendo la cabeza-. Deberías buscar otro trabajo.
-¿Otro? Estoy cómodo con el que tengo -respondió con indiferencia, aunque un poco inquieto, Diego.
-¡Yo no! -declaró Loreto categóricamente-. El piso es pequeño, el coche, viejo… Nada que presumir ante los vecinos…
-Extraño… Antes te parecía todo bien -dijo Diego pensativamente-. ¿Qué ha cambiado?
-Nada, sólo que ahora te veo de otra manera. Antes los sentimientos me cegaban, ahora veo la realidad -se justificó Valentina.
-Genial -respondió fríamente Diego, pensando que con eso quedaría todo resuelto.
Pero Valentina, influenciada por Carmen, seguía presionando a Diego.
-Oye, tu insatisfacción comienza a molestarme -dijo entre dientes Diego-. Te he escuchado, pero no puedo hacer más.
-Necesito un esposo que crezca, no que se estanque -replicó Loreto con seriedad.
-Perdona que no sea ese -contestó con frialdad Diego, y al entrar al cuarto, abrió el armario donde estaban las cosas de su esposa-. Empaca.
-¿A dónde debo ir? -preguntó sorprendida Loreto, arqueando una ceja.
-A donde haya un piso nuevo y un coche extranjero -respondió Diego de manera seca-. Nunca me perdonaría que vivas toda la vida con alguien como yo. Estoy seguro de que encontrarás a quien te llene de oro y brillantes. Desafortunadamente, yo no puedo…
Carmen fue la primera en enterarse que Diego había echado a Loreto.
-¡Vaya desgraciado! ¿Quién habría pensado que actuaría así? Nunca debiste casarte con él -se lamentaba Carmen, soltando maldiciones hacia su yerno.
-Sólo quería que se desarrollara y ganara más -dijo entre lágrimas Valentina.
-¿Qué vas a decir de él? Un patán es un patán, incluso en África. No te preocupes, encontrarás algo mejor, y Diego se arrepentirá -la consoló Carmen.
Sin casa ni esposo, Loreto se mudó a su antigua habitación en casa de su madre.
-¿Qué piensas hacer ahora? -le preguntó Alba, llegando tan pronto como la llamó su madre.
-Nada -respondió Loreto, clavando su vista en el móvil.
-¿No piensas en trabajar? -sugirió Alba.
-No. ¿Para qué? Buscaré un hombre más rico que Diego -respondió Loreto con firmeza.
-¿Por qué insistes, Alba? Ha pasado por un estrés tremendo, deja que descanse -intervino Carmen en defensa de su hija menor.
Durante dos meses, Carmen cargó con la hija que vegetaba en el sofá.
Sin embargo, pronto entendió que no podía sola y llamó a Alba para pedir ayuda.
Después del trabajo, Alba se acercó, pensando que su madre tenía algo urgente.
-¿No piensas ayudar a tu hermana? -preguntó Carmen con tono de reproche.
-¿Cómo?
-Es en qué, no cómo -corrigió su madre-. En dinero. Nos cuesta mucho a las dos.
-¿Quién te forzó a decirle a Loreto que se divorciara? -replicó Alba inesperadamente-. Si no te hubieras entrometido, todo estaría bien.
-¿De verdad te atreves a decir eso? -dijo Carmen llevándose la mano al pecho-. ¡Diego es un cobarde! No supo con alguien como Lore. Aléjate de aquí, no quiero verte más. En lugar de apoyo, nos criticas.
Con el desdén de su madre, Valentina salió del cuarto.
-¿Le defiendes después de que me dejó tirada?
-Eres culpable. No sigas el consejo de mamá…
-¿Quién te crees, dando lecciones? ¿Por qué estás sola entonces? -gritó Valentina.
Alba negó con la cabeza ante los llantos de su hermana y madre, y se dirigió a la salida.
Ya no tenía ganas de interactuar con ellas, ni tampoco querían Valentina ni Carmen, por su parte.







