Ya no voy a echar una mano a los suegros de mi marido

La hermana de mi marido y yo no nos llevamos bien. En cuanto pasé a formar parte de su familia, enseguida me di cuenta de que no era bienvenida. Intenté mejorar la relación, suavizar los conflictos, pero me encontré con un muro de incomprensión.

Trabajo en una policlínica. Todos mis familiares me piden constantemente que les lleve un cupón, que les dé cita con el médico, que les haga una prueba gratuita, etc. Nunca me negué y estaba encantada de ayudar a mis parientes.

Durante los dos primeros años, mi cuñada se aprovechó de mí. Sabía que tenía coche y siempre me pedía que la llevara a algún sitio. Esto duró mucho tiempo, incluso no me dejaba dormir el fin de semana. Lo interesante es que su marido tenía un coche, ¿por qué me eligió a mí para ser su conductor personal?

Además, también involucró a mi marido en los negocios. No importaba la hora a la que llamara mi hermana, él se descomponía y corría a pedirle ayuda. Intenté intervenir de alguna manera, pero escuché una perorata que no entiendo, porque no tengo hermanos.

Las fiestas familiares eran otro reto para mí. Todos los familiares se reunían y se hacían regalos. Simbólico, porque no hay suficiente dinero para todos.

Y me di cuenta de que nadie me regalaba nada. Toda la gente era rica, con dinero, pero yo me quedaba constantemente con las manos vacías. A pesar de que ayudaba a todo el mundo y les hacía regalos a todos…

Hace dos años, mi cuñada fue operada. Hice todos los trámites con los médicos, lo organicé todo, así que no se gastó ni un céntimo. Ni siquiera me lo agradecieron.

Cuando empecé a tener problemas, ningún familiar de mi marido me preguntó cómo estaba, si necesitaba ayuda. Mientras estaba en el quirófano, llamó la hermana de mi marido porque necesitaba una fotocopia. No podía ir a ver a su marido, a su médico o al menos esperar unas horas. Vaya gratitud.

Después de la operación, nos cruzamos con ella en la fiesta de aniversario de un familiar. Cuando mi marido y yo llegamos, todo el mundo estaba ya celebrándolo. Todos los invitados me saludaron, excepto mi cuñada. Ella mostró su disgusto e incluso abandonó la sala cuando me vio.

A causa de esa fotocopia, no hemos hablado en casi un año. ¿Tenía que bajarme de la mesa de operaciones y correr en busca de unos papeles? Por lo visto, es hora de decir no a mis familiares, así viviré más tranquilo.

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