Una vez, el jefe entró en la guarida de la limpiadora y ella también le ofreció café y galletas

Y la chica no era muy bonita: tenía sobrepeso y no estaba de moda. Trabajaba de conserje, aunque se llamaba muy bien, “la señora de la oficina”. Y durante el día, en su cubículo, preparaba café instantáneo. Y almorzaba con galletas. No era la comida adecuada, pero era barata. Un día el jefe entró en su cubículo por alguna necesidad, y ella le ofreció café y galletas. Era una persona sencilla, como un niño.

Y el tal Felipe se bebió el café y se comió las galletas: vivía a un ritmo frenético, no tenía tiempo ni para comer. Se sentaba en un taburete de hierro en una mesa desvencijada. Y sobre las galletas, dijo que cuando era niño, ¡eran galletas así! “Jubileo”, ¡tan sabrosas! El abuelo las traía; se deshacían en la boca. Y luego estaban estos pequeños caramelos, con chocolate por encima y caramelo relleno por dentro. Muy sabrosos. Y el chocolate era muy diferente cuando era niño.

Así lo contó y se fue. Llegaba tarde a una reunión y no tenía tiempo de esperar a que la secretaria hiciera café. Vamos a tomar uno instantáneo.
Y entonces Felipe  trajo el pastel. Y no le dijo a Mónica : “Deberías comer menos. Al contrario, cortó los trozos más grandes con un cuchillo de plástico.

Y no paraba de contarme y contarme… Cómo murió su hijo, cómo le dejó su mujer, cómo entró en prisión durante los años malos y cómo sobrevivió… Era una larga historia, pero luego se casaron. Y eso fue todo. Aunque Felipe es veinte años mayor que Mónica, ¿y qué? Se enamoró terriblemente de ella por su inteligencia y su buen corazón. Y por su belleza – Mónica era realmente más bonita.

Por lo visto, el café seguía siendo útil. O el amor. O las historias de Felipe – le encantaba hablar de su vida. Pero nadie las escuchó durante toda su vida. Sólo las instrucciones eran escuchadas sin cuestionarlas, eso es seguro. Como la historia de una bebida terrible, que resultó ser el elixir del amor. Y sobre el hecho de que hay mucha gente exitosa, hermosa y fuerte que no tiene a nadie con quien hablar. Que nadie oye ni escucha. Y que escucharán, que estarán en sus corazones, porque la sinceridad y la franqueza unen para siempre a las personas buenas. Y a su hijo, que nacerá pronto, Felipe también le contará todo. Y le escuchará.

Y Mónica no habla mucho; pero por las noches cantan canciones en casa, algo ridículo para un matrimonio. Pero es muy bueno; casi como los cuentos de la infancia…

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