Skip to content
Search for:
Home
Disclaimer
Home
Nothing Found
It seems we can’t find what you’re looking for. Perhaps searching can help.
Search for:
You may also like
Marina nunca había confiado en su marido. Por eso solo podía contar consigo misma. Así había transcurrido su vida matrimonial.
0
158
«Mamá, avisa cuando vayan tus visitas, así me quedo en casa»
0
309
Hijo expone a debate público un asunto familiar delicado
0
219
Durante 12 años, mi suegra me llamó forastera. En su funeral, mi marido abrió su cofre
0
23
El hermano de mi padre vino a casa y nos dijo que también tiene derecho a una herencia.
0
120
Ahora tendrás tu propio hijo, y a ella le toca volver al orfanato —¿Cuándo va a tener mi hijo un heredero? —preguntó doña Luisa, con fastidio, mirando a su nuera sentada a la mesa. —Ya sabe usted tan bien como yo que llevamos tres años intentando tener un hijo —suspiró con pesar Cristina. Cada visita empezaba siempre igual. ¿Qué podía hacer? Los médicos aseguraban que ni ella ni Sergio tenían problemas. —Eso mismo digo yo. Lleváis casados un montón de tiempo y, sin embargo, el niño no llega —se burló la mujer con desdén—. Seguro que tuviste una juventud… movidita. —Doña Luisa, ¿me está insinuando algo? —Cristina no aguantó más y cerró el portátil de golpe. Trabajar, desde luego, ya no podría. —¿Le he dado motivos acaso? Y, en general, ¡deje de hablarme en ese tono! —¿Y si no… qué? —La suegra fingió sorpresa—. ¿Vas a quejarte a Sergio? ¿No temes que él me dé la razón? Al fin y al cabo, soy su madre. La respuesta fue una puerta cerrada de golpe. Por supuesto, Cristina no pensaba decirle nada a su marido. No porque él fuera a ponerse de parte de su madre, sino simplemente por no preocuparle. ************************************************** Desde el primer día, la relación entre Cristina y su suegra no iba bien. A doña Luisa no le gustaba nada de ella: la encontraba demasiado sencilla, le disgustaba su forma de vestir, de cocinar… La lista era interminable. Se opuso rotundamente al noviazgo y presionó a su hijo, aunque él supo hacerse valer. Se casaron. Durante un tiempo, la suegra pareció calmarse, y mudarse a un piso lejos de la familia ayudó. Pero pronto Luisa encontró otra cosa que criticar: la ausencia de hijos. Al principio Cristina intentó quitarle hierro, diciendo que todavía eran jóvenes, que quería centrarse en su carrera… Pero la suegra insistía en que debían tener hijos cuanto antes, y mejor más de uno. La joven se rindió ante la insistencia de la suegra. Pero entonces llegaron los problemas. Tres largos años de análisis y tratamientos sin resultado. Un médico sugirió que quizá el estrés influía. Luisa solo se rió y recomendó cambiar de doctor. ****************************************** Tras otro encontronazo con doña Luisa, Cristina trataba de distraerse mirando las redes sociales y vio fotos de niños. El corazón se le encogió: realmente quería ser madre, no por complacer a la suegra, sino por sí misma. De pronto, leyó un mensaje de una mujer que trabajaba en un centro de acogida. Pensó en la posibilidad de acoger a un niño sin familia. Se imaginó con un bebé sonriendo y al instante buscó información. La burocracia era enorme, con papeles, certificados médicos y demás, pero las ganas pesaban más que el miedo. Solo faltaba el sí de Sergio. A ella le inquietaba la reacción de su marido, pero, para su sorpresa, aceptó sin poner pegas, solo sugirió acoger a un bebé de la casa cuna. Decidido. Al poco tiempo, su familia creció con la llegada de Angelines, una preciosa niña de cinco meses. Tanto Sergio como Cristina se enamoraron de ella nada más verla. La única que se oponía era, por supuesto, doña Luisa, aunque nadie le preguntó. Sergio incluso amenazó con mudarse a otra ciudad si su madre seguía con sus escenas. Así que tuvo que fingir ante los demás que adoraba a su nieta. Pasaron siete años. Angelines acabó primero de Primaria y tenía muchísimos amigos. Era una niña adorable, responsable y cariñosa. Cristina no podía estar más orgullosa de su hija. Aquel verano, toda la familia se fue de vacaciones a la costa: sol, olas, arena blanca… Felicidad absoluta, con la suegra bien lejos. Al final del viaje, Cristina no se encontraba bien, aunque no dijo nada para no preocupar a nadie. Pero, de vuelta a casa, fue al médico. Sergio, atento como siempre, lo notó. Insistió en regresar, prometiendo unas nuevas vacaciones en Navidad. Ella aceptó a regañadientes. Los resultados sorprendieron a ambos: ¡Cristina estaba embarazada! La noticia hizo especialmente feliz a Angelines, entusiasmada con la idea de ser hermana mayor. Luisa no se enteró hasta meses después, cuando la barriga de Cristina era evidente. Aprovechó un momento en casa a solas para aparecer sin avisar. —No te pregunto por qué no me lo dijiste antes —soltó nada más cruzar el umbral, estudiando la barriga—. Tengo otra pregunta. —¿Cuál? —a Cristina le entró mala espina. —¿Cuándo vais a devolver a Angelines al orfanato? —preguntó muy seria—. Ahora que vais a tener un hijo vuestro, la adoptada debe volver. Cristina se quedó helada. ¿Cómo se podía decir algo así de una niña que ya era parte de su familia? —¿Lo dice en serio? —Por supuesto —bufó Luisa, mirándola con exigencia—. ¿Cuándo? —¡Váyase! —le espetó Cristina, a punto de saltar—. ¡Y no vuelva nunca más! Tras echar a la suegra, Cristina intentó serenarse. ¿Avisar a Sergio? Hoy tenía una reunión importante… Pero tendrían que hablarlo. ********************************************* Luisa se fue directamente a la oficina de su hijo. Sin atender a la secretaria, irrumpió en su despacho. —¡Tu mujer acaba de echarme de casa como si fuera una cualquiera! —Y hola a ti también —suspiró Sergio—. ¿Qué le has dicho para que mi paciente esposa reaccionara así? —Solo pregunté cuándo vais a devolver a esa niña al orfanato —Luisa se sentó indignada—. Por fin vais a tener un hijo propio. Ahora todo el tiempo y el dinero deben ser para él. —¿Pero cómo se te ocurre tal barbaridad? —Sergio apretó el bolígrafo con rabia hasta partirlo—. No vamos a devolver a Angelines. Es mi hija, te guste o no. —¿Y eso por qué? No es más que adoptada. Y ya mayorcita. Si se lo explicáis, lo entenderá. —Ni se te ocurra decirle nada —tiró el bolígrafo roto y golpeó el escritorio—. ¿Lo has entendido? —¿Y cómo piensas impedirlo? —se burló ella al marcharse—. Esa niña no tiene sitio en esta familia. Y haré todo lo posible para que así sea. Sergio miró la puerta cerrándose. La secretaria asomó indignada por haber dejado pasar a la visita, pero él no la oyó. Se quedó pensando. Debía tomar una decisión. Cogió el teléfono… **************************************** Cristina paseaba despacio por el parque, sonriendo al ver a Angelines jugando con su hermanito pequeño. Estaba siendo una hermana mayor ejemplar. En un banco cercano, dos señoras hablaban de sus nueras. Cristina no pudo evitar recordar a su suegra. Desde aquella visita, no habían vuelto a verla. Sergio, apenas una semana después, se llevó a toda la familia a vivir muy lejos del pueblo natal. Era la única forma de proteger a Angelines: su madre podría ir contando a todo el mundo que era adoptada. Ahora vivían tranquilos. Tenían una hija maravillosa, un hijo pequeño y pronto vendría un tercero. Sergio llamaba a veces a su padre. Así se enteró de que su madre seguía igual, solo que ahora había volcado toda su energía en su hija recién casada. Él sentía pena por su hermana, pero ella parecía más tolerante a tanta atención. Ellos tenían su propia vida, y Sergio la suya, feliz con su familia. No podía pedir más, y así deseaba que fueran felices los demás.
0
224