– ¡Siempre es tu madre la que está enferma, o tu abuelo el que está enfermo! ¡Estoy harta de aguantar a tus parientes enfermos! – dijo mi novio.

– Lo entiendo perfectamente -dijo Adam con voz paciente-, tu abuelo está enfermo otra vez… No es la primera vez. Le han operado dos veces, y con este virus tan novedoso en el hospital, así que ¿no puede soportar él mismo la presión?
– Se olvida de tomar sus pastillas, y entonces se pone enfermo y llama a una ambulancia. Los vecinos dicen que los médicos vienen cada dos días -respondí-. – Estará mejor en nuestra casa. Lo pondremos en la habitación de atrás, no te molestará en absoluto. Y su apartamento estará limpio, en un momento dado, lo alquilaremos. Los ingresos pasivos te vendrán bien, ¿no?

Adam resopló, completamente descontento con mi petición de que el abuelo se quedara con nosotros.

– Siempre estás enferma mamá, luego los hijos de mi hermana para pedir prestado, y ahora tu abuelo quiere vivir aquí. Nuestra casa ya se utiliza como una especie de albergue. Y los viejos apestan también, no lo quiero aquí. Por eso tiene su propio apartamento. Si quieres que le controlen las pastillas, mételo en un centro de internamiento o habla con sus padres para que lo acojan.

No quise decirle a Adam que ya había decidido lo contrario. Había tomado la decisión de que el abuelo tenía que vivir con nosotros. Asentí al tipo y al día siguiente trasladé las cosas y las pastillas del abuelo a nuestra casa.

Adam se enfadó mucho cuando pilló a mi pariente en la cocina por la noche. Hizo un berrinche y dijo que jamás pondría un pie en esta casa si había alguien más que nosotros. Cumplió su palabra y durante el fin de semana cogió algunas de sus cosas y se volvió a mudar con sus padres. No le detuvo el hecho de que tuviéramos una relación bastante seria y duradera, ni el hecho de que en mi apartamento estuviéramos los tres solos, no como sus padres y su hermana y el bebé en casa.

Ahora mi abuelo y yo vivimos juntos, y en cierto modo espero que Adam entre en razón y vuelva tarde o temprano. Le quiero, él también me quiere, y el abuelo no se mete en medio. La mayoría de las veces se sienta en su habitación, y nada huele a que Adam haya gritado. Realmente estoy esperando que las cosas vuelvan a la normalidad.
 

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