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0129
Una Llegada Inesperada y la Verdad que Nunca Quise Descubrir
Una Llegada Sorpresa en Madrid y la Verdad que Nunca Quise Saber Llegué a casa de mi hija sin avisar
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040
No te vayas, mamá. Una historia familiar llena de emociones, entre suegras, yernos y la fuerza del amor en una familia española
No te vayas, mamá. Una historia familiar Dicen en los refranes de la vieja Castilla: el hombre no es
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0482
El padre no cumplió su promesa
Sabes dijo Carmen a su hija, buscando las palabras, a veces los mayores actúan de forma más ridícula
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0300
Los felices siempre sonríen
Siempre recuerdo aquel día de lluvia de verano, cuando el sol ya se asomaba tímido y el agua caía suave
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058
Divorcio en mayo: Él se fue con alguien “más joven y hermosa” y slam!
**Diario de una separación** Me divorcié en mayo. Él se fue, dando un portazo, hacia alguien más joven
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012
No estaba sola. Una historia sencilla Amanecía en una fría mañana de invierno madrileña. Los barrenderos raspaban con fuerza la nieve en el patio del antiguo bloque de pisos. La puerta del portal no dejaba de golpear, dejando salir a los vecinos apurados camino al trabajo. El gato Felis, apodado Feli, observaba desde el alféizar del sexto piso todo aquel bullicio. En su vida anterior, Feli había sido financiero y entonces nada le importaba salvo el dinero. Ahora había entendido que hay cosas más importantes en la vida. Ya sabía que nada vale tanto como una mirada amable, la calidez de un corazón bueno, y un techo seguro sobre la cabeza. El resto vendrá solo. Feli echó un vistazo atrás: en el viejo sofá dormía abuela Carmen, su salvadora. El gato bajó del alféizar y se acurrucó en la almohada, juntando su pelaje cálido y suave a la cabeza de la anciana. Él sabía que cada mañana a la abuela Carmen le dolía la cabeza y hacía lo posible por ayudarla ahora. — ¡Felillo, buen doctor estás hecho! —exclamó la abuela al abrir los ojos y sentir su cuerpecito suave—. Otra vez me has quitado el dolor, ¡qué apañado eres! ¿Cómo lo harás, pillín? Feli agitó la patita, como diciendo que aquello era coser y cantar para él, que podía con mucho más. En ese instante se oyó un gruñido bajo desde el pasillo. Era el perro Chispa, que se moría de celos. Chispa llevaba años siendo el fiel y leal amigo de la abuela Carmen. Al menor ruido de pasos desconocidos, siempre ladraba fuerte para que todos supieran que la abuela tenía guardaespaldas. Por eso mismo, él se sentía el amo de la casa. “¿Qué habrá sido Chispa antes? ¿Un jefe de obra quizás, o un guardia municipal?”, pensaba Feli mirando al perro, “¡qué escandaloso es! Bueno, mientras proteja la casa, tampoco está mal…”. — Ay, mis queridos, ¿qué haría yo sin vosotros? —dijo la abuela Carmen mientras se levantaba del sofá con esfuerzo—. Ahora os doy desayuno y luego salimos a la calle. Y si en unos días me pagan la pensión… ¡compramos un buen pollo! La sola mención de “pollo” provocó la alegría general. El gato empezó a amasar el sofá con las patas, ronroneando fuerte y frotando su gran cabeza contra la mano artrítica y frágil de la anciana. — Ay, cabezón, qué travieso eres, entiendes todo lo que te digo —se enterneció la abuela. El perro ladró, mostrando que él también lo había entendido, y empujó sus rodillas con su húmeda nariz. “Vaya, qué almas tan vivas…”, pensaba la abuela sonriente. “Con ellos en casa, todo es más cálido y el corazón menos solo”. “Cuando yo me muera, ¿qué será de ellos? Nadie lo sabe, cada uno dice una cosa… ¡a ver quién lo entiende!”. “Yo querría ser gato si pudiera reencarnarme, y caer en manos de buena gente. Perro no lo resistiría, no me da la voz para tanto ladrido… soy tranquila. Aunque quién sabe… pero de gata, sería buena, muy cariñosa. Sólo pediría buenos dueños…” — ¡Menudas cosas se le pasan a una por la cabeza! —rió la abuela Carmen de sí misma—. ¡Qué cosas tiene la vejez…! No se dio cuenta de la sonrisa burlona de Feli, que miraba altivo al perro. Como diciendo: ¡ves, si hasta la abuela quiere ser gata, no perro! Además, Feli ahora sabía leer pensamientos… eso era un buen premio considerando todo. Así van las cosas, mirad dónde hemos llegado.
No era una mujer solitaria. Una historia sencilla Se desperezaba la mañana de invierno, tardía y fría.
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021
Misterios Encantados
Mañana, Lola se despertó con fiebre. El día anterior había ido al cementerio de la sierra de Guadarrama
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036
Siempre estaré contigo, mamá. Una historia real que podrías creer La abuela Valeria no podía esperar a que llegara la tarde. Su vecina Natalia, una mujer soltera cercana a los cincuenta, le había contado algo tan sorprendente que le daba vueltas la cabeza. Y para demostrarlo, le había invitado a pasar por su casa al caer la noche, asegurando que le enseñaría algo especial. Todo empezó con una simple conversación. Natalia, de camino al supermercado aquella mañana, se asomó a casa de la abuela Valeria: —¿Te traigo algo, Valeria? Voy al súper de la esquina, quiero hornear una empanada y comprar alguna cosita dulce. —Mira que eres buena persona, Natalia, siempre tan atenta. Te recuerdo desde que eras una niña. Es una pena que no hayas formado una familia, que siempre te veo sola. Pero te observo, y no te veo triste ni quejarte, no como otras personas. —¿Y por qué iba a lamentarme, Valeria? Yo tengo a alguien a quien quiero, aunque todavía no podamos vivir juntos. Ya te contaré el motivo. Jamás le habría contado esto a nadie, pero confío en ti. Y además, hoy vengo con otra historia que quiero compartirte. —Sé que eres discreta y, aunque por casualidad lo cuentes, nadie lo creería —rió Natalia—. ¿Entonces, qué necesitas? Luego, cuando vuelva del súper, me sirves un té y te explico cómo me va la vida. Ya verás, te alegrarás por mí y dejarás de sentir lástima. La abuela Valeria realmente no necesitaba nada ese día, pero le pidió a Natalia que le trajera una barra de pan y unos caramelos para el té. La curiosidad la devoraba: ¿qué historia querría contarle su vecina? Natalia regresó del súper y, mientras Valeria preparaba un té aromático, se sentó a escucharla. —Valeria, ¿te acuerdas de lo que me pasó hace unos veinte años? Yo tenía casi treinta. Salía con un buen hombre, pensábamos casarnos. No era que lo amara, pero era decente y pensaba: “¿Cómo voy a quedarme sin familia y sin hijos?” Solicitamos los papeles y se mudó conmigo. Me quedé embarazada. En el octavo mes, nació una niña. Vivió dos días y falleció. Creí volverme loca de dolor. Mi pareja y yo nos separamos, no teníamos ya ningún vínculo. Al poco de aquello, empecé a reponerme poco a poco, a dejar de llorar. Y entonces… Natalia miró a Valeria esperando su reacción: —No sé cómo explicártelo. Había preparado una cunita para mi hija en mi dormitorio. Ya sabes lo que se dice, que da mala suerte comprar cosas antes de tiempo. Pero yo no creía en supersticiones, lo tenía todo listo, la ropa, los juguetes. Una noche, me despertó el llanto de un bebé. Pensé que mi cabeza me jugaba una mala pasada. Pero no, volvía a oírlo, llorando. Fui a la cuna y… allí estaba, ¡una niña pequeña! La tomé en brazos y casi no podía respirar de felicidad. Ella me miró, cerró los ojos y… se durmió. Y desde entonces, cada noche vuelve mi niña conmigo. Hasta le compré leche en polvo y biberones. Pero apenas comía. Lloraba, la tomaba en brazos y me sonreía, cerraba los ojitos y dormía. —¿Pero cómo puede ser eso?, —la abuela Valeria la escuchaba hechizada—. ¿De verdad sucede algo así? —Pues yo tampoco lo creía —Natalia se sonrojó de la emoción. —¿Y luego qué pasó? —dijo Valeria incrédula, llevando una pastilla a la boca y sorbiendo el té. —Pues así sigue siendo. Mi niña vive en otro mundo, allí tiene otra madre y otro padre. Pero no se olvida de mí. Me visita cada noche, aunque sólo sea un rato. Y un día me lo dijo: —Siempre estaré contigo, mamá. Nos une un hilo invisible que jamás se romperá. A veces me pregunto si lo sueño. Pero hasta me trae regalos de ese otro mundo. Eso sí, no duran mucho aquí: se deshacen como la nieve en primavera. —¿En serio?, —Valeria bebió otro sorbo de té, boquiabierta ante aquella historia. —Por eso quiero que vengas a mi casa. Que lo veas tú misma y me confirmes que lo que veo es real. Aunque yo lo creo… quiero que alguien más lo vea. Esa noche, Valeria fue a casa de Natalia. Sentadas en la penumbra, conversaron largamente. No había nadie más en casa, solo Natalia y Valeria. Cuando ya tenían sueño, una luz suave iluminó la estancia y… apareció una joven dulce: —¡Hola, mamá! Hoy tuve un día maravilloso y quería compartirlo contigo. Y aquí tienes un regalo —dejó unas flores sobre la mesa. —¡Ay, buenas noches! —dijo la joven al notar a Valeria—. ¡Casi se me olvida! Mamá me dijo que vendrías a verme. Soy Marianna… Al cabo de un rato, la joven se despidió y se desvaneció en el aire. Valeria permaneció en silencio, asombrada. Tardó en reaccionar: —Natalia, ahora sí que lo creo. Tienes una hija preciosa, se parece a ti. Me alegro mucho por ti, Natalia. Eres una mujer afortunada, quizá más que nadie. Quién lo diría… ¡Si no lo veo, no lo creo! Es algo maravilloso. Te estoy muy agradecida. Es como si me hubieras abierto los ojos. El mundo es mucho más grande de lo que creemos, la vida sigue en todas partes, ya no me da miedo morir. ¡Te deseo toda la felicidad, Nati! Las flores sobre la mesa se volvían cada vez más pálidas, hasta que desaparecieron por completo. Pero Natalia, después de despedir a su vecina, sonreía feliz pensando en el mañana. Mañana sería un día especial: se reencontraría con Arcadio, el hombre al que amaba y que la amaba a ella; de eso, Natalia estaba convencida. ¿Cómo lo sabía? Hay cosas que no se pueden explicar. Y sabía que algún día los presentaría. A sus dos personas más queridas: Marianna y Arcadio.
Siempre estaré contigo, mamá. Una historia en la que se puede creer La abuela Consuelo no podía esperar
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011
Las personas más queridas: Un relato sobre la familia, los nietos, la merienda y las segundas oportunidades en la vida de Ana y Pablo, una pareja de abuelos madrileños que, rodeados de sus nietos y recuerdos, descubren la verdadera felicidad en los lazos familiares y en la calidez de su hogar.
Las personas más queridas. Relato Así son las cosas; podrían haber sido distintas. A veces el destino
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053
Padrastro: La Historia de un Hombre que se Convierte en Padre
El Padrastro ¡Porque no tienes derecho a acosar a una chica joven! exclamó Carlos, subiéndosele el tono. ¿Qué-é-é?
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