Nadie en casa Mira, te voy a contar la historia de Santiago, que a estas alturas es como si fuese mi

Diario de Luis, diciembre, Madrid No dejaba de mirar el móvil sobre el mantel impoluto, mientras Clara

Viernes, 15 de diciembre Regresaba esta tarde a casa, exhausto tras el trabajo, cuando recibí un mensaje

El silencio en el piso se parte en mil pedazos por el siseo continuo de una lata de refresco que mi hermano

La carta que nunca llegó Carmen llevaba rato sentada junto a la ventana, aunque no había mucho que ver.

Todo el clan del marido aceptó unánimemente que Dominga, como nuera, resultaba inútil e impúdica.

Sé lo de tus escarceos dijo mi mujer. A mí se me heló la sangre. No, no di un respingo. Ni siquiera me

Luis, ¿estás seguro de que no hemos olvidado el carbón? La última vez tuvimos que ir al ultramarinos

“¡Eres una vergüenza para esta familia! ¿De verdad pensabas que iba a permitir que criases ese

Diario personal: Madrid, abril. Hoy he sentido que mi paciencia y mi derecho a la intimidad han sido










