María ya contaba sesenta años. Llegaba el momento de retirarse, aunque ella no se apresuraba.

Diario de María Eugenia Sánchez, Madrid, 14 de mayo Pues ya era hora, por fin se respira en esta casa.

Pues bien, hijo, aquí has traído a la casa, que Dios me perdone, una golfa errante. Ni herencia ni familia

Diario de Marina González, Madrid, otoño. Hoy, una vez más, he abierto la nevera con gesto cansado.

¡Mamá, no le molestes al papá todas las noches! Mamá, tengo que hablarte como una mujer a otra mujer

Me llamo Rafael. Tengo 65 años. Estoy casado, pero en esta etapa de mi vida he terminado enamorándome

Sentada en la penumbra del pequeño piso de Madrid, las lágrimas caían sin control. Había leído la historia

Diario de María Eugenia Sánchez, Madrid, 14 de mayo Pues ya era hora, por fin se respira en esta casa.

Ahora se puede vivir María se encontraba al borde de la tumba, observando cómo bajaban el ataúd a la tierra.

Estaba aprovechando mi día libre, el único que tenía, para hacer tareas en casa. De repente, me llamó








