**«A la mesa con mis padres… que no me reconocieron»** Esta historia no es ficción, ni un guion de película

El Peludo Salvador El traqueteo de las ruedas y los árboles que desfilaban tras la ventana del tren adormecieron a Javier.

Han pasado dos años. Desde entonces, mi hija no ha escrito ni una palabra: me ha borrado de su vida.

La señora Raquel llegó a casa de su hija y su yerno. —¡La abuela está aquí! —gritó emocionado su nieto

**Mi querido diario,** El suave vaivén del tren y los árboles desfilando por la ventana casi me arrullaron.

Marina freía unos buñuelos en la cocina cuando, de repente, llamaron a la puerta. En el umbral estaba

Cuando por fin tuve vida propia, mi hija me llamó loca y me prohibió ver a mi nieta. Toda mi vida la

Tengo cuarenta y un años. En teoría, ya soy una mujer adulta e independiente: tengo marido, hijos, trabajo y casa.

Han pasado dos años. Desde entonces, mi hija no ha escrito ni una palabra. Me ha borrado de su vida.

**Diario de un padre** Nunca imaginé que mis últimos años los pasaría en una residencia de ancianos.










