Isabel nunca había contemplado el mundo, pero percibía su inmenso peso en cada respiración.

Me llamo Carmen Gutiérrez. Para mi marido, Javier Gutiérrez, yo era una mujer corriente. Discreta, fiable

Lo que los médicos no podían recetar: El poder de un viejo relicario A veces, la medicina se rinde.

Estuve a esto de no aparecer ni en el entierro de mi propio padre cuando del banco me llamaron para decirme

Tres hilos. Tres destinos. ¿Qué ha dicho? Carmen, no te he oído, ¿qué? se inclinó un poco hacia delante

Tío, tengo que contarte lo que le pasó el otro día a Javier, un conocido mío de toda la vida.

Cuando Aurora tenía solo dos años, vivía en una casa de acogida en las afueras de Valladolid.

Mira, te tengo que contar lo que me pasó ayer porque aún sigo medio temblando. Era esa hora en la que

La perra Chispa estuvo aullando toda la noche, impidiendo que su dueña pudiese descansar. Al mirar por

Marta, ¿para qué quieres un piso tan grande, eh? Si vives sola. Ni hijos, ni novio tienes. Y por lo que










