Querido diario, Esta tarde, mientras caía la noche sobre Madrid, me llamó Lucía, mi mujer, con la voz

El banco del patio Víctor Alonso salió al patio poco después de la una. Sentía una presión en las sienes

Sin el hay que Víctor abrió la puerta y se encontró con tres platos con restos de macarrones resecos

Último verano en casa Llegué un miércoles, cuando el sol ya caía a plomo sobre el tejado y las tejas

Después del fallecimiento de mi madre, poco a poco fui recuperando la compostura. Mi madre llevaba un

Barí se quedó junto al portal esperando. Día tras día, dos, una semana Cuando cayó la primera nevada

Desde que era una niña pequeña, mis padres me decían que nadie me necesitaba y que no servía para nada.

Natalia, llevas cinco años sin estar aquí, sin preocuparte en absoluto de cómo vivo o qué ha sido de mí.

Los platos con la cena fría seguían en la mesa como islas olvidadas entre la niebla. Eugenia los contemplaba

Natalia, llevas cinco años sin estar aquí, sin preocuparte en absoluto de cómo vivo o qué ha sido de mí.










