El día en que enterramos a mi marido llovía con delicadeza. Ese paraguas negro diminuto no alcanzaba

Almudena, la joven recepcionista impecablemente vestida y con la sonrisa de «hoy no me toca», observó

¡Begoña, pero en invierno hace mucho frío! Tendréis que calentar con leña y el fuego de la chimenea.

¡Has abandonado el instituto por ese amor!¡Te enviamos a estudiar, no a casarte!Nos faltaba una campesina

¿Quién eres? Almudena se quedó paralizada en la puerta de su piso, sin poder creer lo que ve.

«Estela, no entiendo qué quieres», dijo Celia. «Nada especial», replicó Esteban. «Solo quiero estar solo

Marta González se levanta para ir a trabajar antes de lo habitual. Los fines de semana los jóvenes dejan

Diario personal, Madrid, 15 de enero Todavía resuenan en mi cabeza los días en los que mi padre, León

¿Y qué hacéis vosotros en mi casa de campo? Yo no os he dado las llaves me quedé parado en el umbral

No pude abandonarlo, mamá susurré. ¿Lo entiendes? No podía. Tenía catorce años, y sentía que el mundo








