Mira, Lucía, no tengo ni tiempo ni ganas de escuchar otra vez tus quejas sin fin. O dejas de hacerte

La cuñada me dejó a sus hijos con la excusa de un imprevisto urgente y desapareció durante tres días
¡Venga, Lucía, por favor! ¡Te lo suplico! ¡Es algo de vida o muerte, de verdad! ¡No tengo a quién más acudir!

Querido diario, En el patio del bloque de cinco plantas del barrio de Carabanchel, todos conocían a la

A la madrugada, Domingo Pérez se despertaba antes de que el despertador del viejo móvil sonara.

Una noche silenciosa. La calle está desierta, sólo las farolas escasas pintan manchas amarillas sobre

Ay, Carmen Fernández, ¿otra vez con lo mismo? Si ya dijimos que la casa de campo es para desconectar

Tengo 58 años y tomé una decisión que me ha costado más de lo que la mayoría podría imaginar: dejé de

Estaba apoyado junto a la ventana, aferrado a un vaso de brandy, tan fuerte que los nudillos se me quedaron lívidos.

Gregorio Pérez vivía al final de la calle, en una casita pequeña pero sólida. Las paredes, apiladas por

Querido diario, ¿Gemelos? soltó de pronto Carmen Ortega, mi suegra. Noté en su mirada la lucha por reprimir










