Me llamo Irene, y tengo una historia que me pesa desde hace años. Quizá contarla me alivie.

**Las Dudas que Destruyen** Lucía estaba sentada en la cocina, con los codos apoyados en la mesa, mirando

Demostraré que puedo vivir sin él Cuando mi marido, Javier, me soltó en la cara: “Lucía, yo puedo

—¡Él no se parece en nada a mí! —gritó en la pantalla el protagonista de una telenovela barata. —¿Estás ciega?

A veces, parece que el amor de los hijos hacia su madre es una verdad inquebrantable, sólida como una roca.

**El Regreso de Lucía** Lucía estaba frente a la puerta del piso de Sergio, jugueteando nerviosa con

Nosotros, mi marido y yo, nos privamos de todo con tal de que nuestras hijas estuvieran bien.

—¿No me llevarás contigo? —preguntó mi madre con resentimiento. Pero yo ya sabía la respuesta…

—¡No eres nadie para mí! —gritó Lucía, cerrando la puerta con tal fuerza que los vasos del aparador temblaron.

—¡Qué pesada eres! — tenía ganas de gritarle a la cuñada de mi marido. Pero me contuve. Y ella, como










