Mi madre dejó a mi padre hace tiempo, y él me dice cómo debo comportarme con mi mujer, cómo mantenerla en un puño.

Mi padre es un gran aficionado a compartir consejos muy “útiles” que pueden arruinar fácilmente la vida más feliz y despreocupada. No puedo imaginar cómo su madre aguantó tantos años y me crió con él, hasta que, finalmente, se le acabó la paciencia y se dio la vuelta y se marchó con una enorme maleta y conmigo.

Seguí en contacto con mi padre, lo visitaba a veces los fines de semana, pasaba la Nochevieja con él y vino a mi graduación en la universidad. Pero en cualquier ocasión tenía valiosos consejos para mí, cómo no debía escuchar siempre a mi madre, o crecería como un pelele, cómo elegí la especialidad equivocada, mejor ir a la escuela de posgrado para otra, y así sucesivamente, hasta el hecho de que en mi boda varias veces sugirió que cambiara de opinión y me casara más tarde, pero con otra persona. Es que no le gustaba Sarah por fuera.

Mi madre le pidió a mi padre que no le hiciera caso, pero no podía colgar en medio de una conversación cuando me estaba aconsejando en voz baja que fuera más estricto con mi mujer, para que no pensara que tenía permiso para hacer cualquier cosa y empezara a pasearse. Dejé que las palabras de papá pasaran por mis labios durante mucho tiempo, pues todo en mi familia estaba bien, y Sara y yo teníamos una gran relación, a diferencia de mi padre y mi madre. Sólo un incidente reciente me hizo hablar con él.

Nos había pedido que le acompañáramos a mi fiesta de cumpleaños. Como adulto ocupado, no había planeado celebrarlo en absoluto, pero me sentí obligado a llamar a mi padre y a mi madre. Sorprendentemente, ni siquiera estaban masticando en la mesa.

– Bueno, hijo, ya estás casado, es hora de pensar en los nietos”, nos animó mi madre a Sarah y a mí, guiñando un ojo a mi mujer.
– ¿Qué nietos? – interrumpió papá. – ¿Quiénes? ¿Sara? Se van a divorciar pronto. Te dije desde el principio que ella no era adecuada… no tenía buena cara, qué se le va a hacer…

Sara de alguna manera pensó que mi padre estaba retomando mis palabras, o más bien nuestra conversación. Se ofendió y huyó llorando. Tuve que disculparme con ella unos días más y explicarle que mi padre sólo tenía una lengua afilada, no una mente. Intenta hacer daño a todo el mundo, no sólo a ella.

En su defensa, mi padre se limitó a sonreír estúpidamente y a decir: “Así que ella te apreciará si decide que puedes dejarla en cualquier momento. Es que no entiendes la psicología de las mujeres, funciona de forma muy diferente.

No es un padre, sino un desgraciado. ¿Cómo podría darle una lección para que se guarde sus consejos en el futuro?
 

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