Mi hijo me hizo reír cuando me contó cómo llegó a estar con nosotros

Nunca hay que perder la esperanza, aunque no funcione y fracase una y otra vez. Mi mujer y yo llevábamos mucho tiempo intentando tener un bebé, pero era como si no nos lo permitieran. Rezamos a muchas personas, pero tuvimos un hijo cuando casi habíamos perdido la fe en que podríamos tener un hijo propio y pensábamos en adoptar de un orfanato. Vivíamos con la idea de un bebé y nos hacía mucha ilusión criarlo. El pequeño crecía rápidamente y se hacía mayor, así que cuando tenía cinco años y estábamos sentados con él en el garaje -yo estaba arreglando el coche y él estaba dibujando ese mismo coche- preguntó

– Papá, ¿sabes de dónde vengo?

Escuchar a nuestro hijo siempre fue fascinante con su imaginación infantil.

– ¿De dónde venía?
– De lugares hermosos, donde todo era blanco y soleado, y de repente caí a la tierra y acabé en tu casa y en la de mamá.
– ¿Así que dices ser un ángel? – Me reí.
– O un antiguo elfo de Santa Claus. Todo es blanco por la nieve -respondió el niño-. – ¿Le habéis pedido a Papá Noel que me traiga bajo el árbol?
– Claro que sí.

Lo hicimos, ¿verdad? Todos los años, como locos, escribíamos deseos en un papel y los quemábamos a medianoche con una copa de champán.

– ¿Así que en el pasado coleccionasteis regalos para niños como vosotros? – Tenía curiosidad por saberlo.
– No -dijo mi hijo con una mirada muy ofendida-, los elfos adultos se encargan de esas cosas, y los pequeños como yo sólo esperan a que los envuelvan en una bonita caja y se los envíen.
– Pero te tuvimos en marzo…
– Correo retrasado”, se rió mi hijo, saltando de su silla y corriendo hacia mí para enseñarme su dibujo.

No merece la pena dejarlo aunque sea por este tipo de charlas. Todas las parejas demandan a su hijo, ya sea nacido de su madre o adoptado. Todos son enviados por alguien superior.

 

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