– Hemos venido a visitarte y no estabas. ¿Qué pasa?”, llamó mi hermana.

Vivo en la capital con mi marido. Vine aquí hace 15 años para estudiar, me gradué en el instituto y conseguí un trabajo. Allí conocí a mi futuro marido. Un año después de conocernos, nos casamos.

Al principio vivíamos con los padres de mi marido, ahorramos para la primera cuota y ahora vivimos en nuestro propio apartamento de dos habitaciones. Lo de propio es un poco de boquilla, porque todavía tenemos que pagarlo 6 años.

Y ahora, según los clásicos del género, mis familiares vinieron a vernos. Después de todo, todo el mundo quiere ver la capital, y nadie quiere pagar un hotel. Es mejor quedarse con los parientes. Este verano mi marido y yo teníamos vacaciones y decidimos ir al mar.

Conseguimos billetes para el 16 de julio y empezamos a hacer las maletas. Y entonces, el 15 de julio, mi primo segundo llamó y dijo que habían cogido los billetes y que estarían con nosotros el 18 de julio. Le dije que íbamos a ir al mar y que no estaríamos.

Mi hermana me dijo que qué mar, que renunciara a los billetes, porque hacía un año que no nos veíamos. Le dije que nadie renunciaría a nada y que nos iríamos. Mi hermana colgó. Nos fuimos con seguridad al mar. Y entonces, el día 18 por la noche sonó el teléfono, miro a esta misma hermana. Cojo el teléfono y me dice:

– ¿Dónde estáis? Estamos aquí. Estamos frente a tu puerta, llamamos, pero nadie abre.
– Y quién puede abrir tu puerta si estamos en el mar. Te dije que íbamos al mar.
– Pensé que lo habías dicho a propósito, para que no fuéramos.
– No, dije la verdad.
– ¿Qué debemos hacer ahora?
– Hay muchos hoteles, hostales, puedes registrarte allí.
– No tenemos dinero para alquilar un lugar.
– Entonces no sé. Volver o qué. Sois adultos y decidís por vosotros mismos qué hacer.

Mi hermana me colgó y no me ha llamado desde entonces. Y cuando volvió a casa, les dijo a todos sus parientes lo mala persona que era yo, se fue al mar a descansar y no quiso ni reunirse con sus parientes.

Y lo más importante, muchos parientes la apoyan y me hacen culpable. Sólo en lo que soy culpable, y no entiendo? Que decidí ir de vacaciones con mi familia? Después de todo, me advirtió honestamente al respecto, y si no se escucha a lo que es sus problemas personales, no la mía. ¿O me equivoco? Esa es la historia.

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