Di a luz a mi primer hijo cuando tenía 38 años y mi marido 50. Ahora me arrepiento

En el patio de recreo me encontré con una mujer que jugaba con su hijo. La niña tiene 3 años, pero su madre ya tiene 41. Que una mujer de su edad se entiende sólo después de mirar de cerca la cara y notar las arrugas. Tiene una buena figura, sus intereses no tienen nada que ver con la edad.

Resulta que la mujer tiene 41 años y su marido pronto cumplirá 50. Alisa, el nombre de su hija, es la primera y única hija de la familia. Después de dar a luz, la mujer se sometió a una operación que le impidió tener más hijos.

Durante la conversación, la mujer admitió que lamentaba su tardía maternidad. Le resulta difícil vigilar a un niño pequeño, la actividad del bebé provoca rápidamente la fatiga de la madre. No hay nada que hablar de su marido, a los 50 años, los hombres suelen ser ya abuelos, y luego un niño pequeño. Mi marido no quiere hacer de canguro del bebé, ni siquiera sale a pasear con ella.

No soy una experta en estos temas, pero quiero compartir mi opinión.

Estoy en contra de ser padre a una edad madura. Poco a poco estamos pasando a un modelo en el que tener el primer hijo a los 30-35 años se considera normal. Hasta ese momento, toda la atención se centra en la carrera, y cuando ya se está trabajando, se puede pensar en los herederos.

En teoría, todo no está mal, pero ¿cuándo en este modelo hay tiempo para los hijos? Los años más activos se dedican al trabajo y a ganar dinero, y la crianza de los hijos y la ayuda a los nietos quedan relegados a un segundo plano. Para mí, los hijos en la vida son mucho más importantes que el bienestar financiero.

En una situación difícil, no es el dinero el que vendrá al rescate, sino la familia. En cuanto a mí, la familia debe ser joven, para que los niños puedan ver el ejemplo de padres activos, y no de personas mayores torturadas, para las que incluso ir al patio de recreo causa dificultades.

En este tipo de familias, no sólo sufren los padres, sino también los hijos. A menudo, los escolares se sienten avergonzados por la edad de sus padres. Las posibilidades de enviar a un hijo a la universidad y de ir a su boda tampoco son especialmente altas para los padres.

En cuanto a mí, después de cruzar la marca de los 35 años, hay que olvidarse de los hijos. No debes torturarte a ti mismo ni a tus futuros hijos, para que la vida no se convierta en una excusa para quejarte en el patio.

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