Skip to content
Search for:
Home
Disclaimer
Home
Nothing Found
It seems we can’t find what you’re looking for. Perhaps searching can help.
Search for:
You may also like
Los médicos llevaron al perro a la habitación para que se despidiera de su dueño: Pero lo que hizo el can sorprendió a todos
0
539
Salí con Miguel en brazos y pisé los escalones mojados
0
68
“Se não está feliz, a porta da rua é a serventia da casa. Mas vocês não têm para onde ir, não é?”
0
414
El Último Rayo
0
26
POR SI ACASO Vera lanzó una mirada indiferente a su compañera que lloraba, se giró hacia el ordenador y empezó a teclear rápidamente. —No tienes corazón, de verdad, Vera —escuchó decir a Olga, la jefa de departamento. —¿Yo? ¿Por qué dices eso? —Porque aunque a ti en tu vida personal te vaya bien, no significa que a los demás les pase igual. Mírala, la pobre, destrozada, ¿no podías al menos consolarla, darle un consejo, compartir tu experiencia? Que pareces tan feliz con lo tuyo… —¿Yo? ¿Compartir experiencia con ella? Me temo que a nuestra Nadia eso no le iba a gustar. Ya lo intenté hace como cinco años, cuando venía a trabajar con moratones —decía que se caía, claro, para ver mejor el camino, supongo. Vosotras aún no estabais aquí. Y, no, no era el marido el que le pegaba, era ella misma, se caía sola, malabares que hacía, y cuando él se largó, dejaron de aparecerle “faroles”. Era el tercero que la dejaba. En fin, que decidí ayudarla, apoyarla, compartir vivencias. Salí yo como la mala. Luego las demás me explicaron que era un caso perdido, que Nadia todo lo sabe y sólo la fastidia quien interfiere en su felicidad. Iba de bruja a bruja para atar a sus hombres, ahora va de psicólogos y dice que “trabaja sus traumas”. No se da cuenta que repite el mismo patrón, sólo cambia nombres. Así que, no gracias, no voy a llorar con ella ni a acercarle pañuelos. —Aun así, Vera, no deberías actuar así. A la hora de comer, con todas en la misma mesa, sólo se habló del ex de Nadia, un desalmado y mentiroso. Vera se mantuvo callada, luego se sirvió café y se apartó para limpiar la cabeza viendo redes sociales. —Vera —se acercó la simpática y risueña Tania, que hoy, sin embargo, lucía el ceño fruncido—, ¿de verdad no te da ni un poquito de pena Nadia? —Tania, ¿qué queréis de mí? —Déjala ya —saltó Ira—, siempre igual, con su Vasili, y tan feliz. Vive como una reina y es incapaz de imaginar lo que es quedarse sola, sin ayuda, con un crío, y encima, para colmo, ver que ni la manutención te llega. —Eso te pasa por meterte en según qué líos —añadió la veterana Tía Tania, la mayor de todo el grupo—. Vera tiene razón, cuántas veces hemos visto ya el drama de Nadia, y él la volvió loca estando embarazada, y antes de eso… Las mujeres, reunidas en círculo alrededor de la llorosa Nadia, comenzaron una ronda de consejos. ¿Qué pasó entonces? Que nuestra feroz y autónoma Nadia decidió ponerse las pilas y llamar urgentemente a su madre del pueblo para que la ayudase con el niño. Nadia volvió a ser ella misma. Se hizo flequillo, se tatuó las cejas, se puso pestañas, quiso hacerse un piercing en la nariz pero el departamento en pleno la convenció de no hacerlo. Y para allá que fue. Las chicas la animaban. “Ya verás, Nadia, él llorará por ti todavía”. —No, no va a llorar —dijo Vera en voz baja, pensando que nadie la oiría. Pero la oyeron, y medio alcoholizadas, repitieron: ¿cómo que no va a llorar? —No va a llorar ni a arrepentirse. Y Nadia encontrará pronto a otro igual… —Claro, para ti es fácil, tienes a tu Vasili, seguro que no es como los demás… —No, no es como los demás, Vasili es el mejor hombre del mundo, no pega, no bebe, no va con otras… —Sí, sí, todos son iguales. —A que te lo quitamos… —No podréis, él no se va. —No estaría tan segura… —Pues tú verás. Entre bromas y piques, surgió la idea de invadir la casa de Vera para ver si su Vasili resistía la tentación. Allá fueron todas en tropel, contentas y parloteando en su cocina. —Vamos, chicas, hagamos algo rápido para picar, que entiendo que Vasili no está pero en breve vuelve, y le dejaremos la mesa puesta. —No os preocupéis, es muy delicado con la comida y no come mucho, pero sí, llegará en breve. Poco a poco la emoción decaía y las invitadas iban marchando a sus casas. Solo se quedaron Nadia, Olga y Tania. Tomaban té en la acogedora cocina de Vera, medio incómodas esperando a ese misterioso Vasili. Cuando de pronto, alguien llegó. —¡Vasili, mi niño, mi coqueto! —murmuró Vera desde la entrada. Las otras se pusieron nerviosas. Y de repente un chico joven y apuesto apareció. Oh, entendieron todas, el marido es mucho más joven que Vera. —Chicas, os presento a Denis, mi hijo. ¿Denis? ¿Cómo que Denis? —se leía en las miradas. —Mi hijo Denis. ¿Y el Vasili, Denis? ¿Se ha portado bien? —Sí, mamá, ahora necesita reposo, mañana ya correrá. Pero no dejes que se chupe los puntos… Las invitadas se sonrojaron. —Nosotras… ya nos vamos mejor. —¡Un momento! No os he presentado aún a Vasili. Pero sshh, está recién operado, Denis y Lena lo llevaron al veterinario, que yo estaba trabajando… Le han castrado, es que el muy bandido empezó a marcar las cortinas… Venid a ver. ¡Ahí tenéis a Vasili, a mi tesoro, durmiendo! Para no estallar de risa, todas salieron en estampida de la habitación. —¡Pero Vera, es un gato! —Claro, ¿qué os pensabais? —¿Y el marido…? —Nunca he tenido. Lo de Vasili os lo inventasteis vosotras. Dije que tenía un hombre maravilloso, Vasili, y no me dejasteis terminar la frase, os lo imaginasteis. Me casé joven, por mi primer amor, dejé los estudios, tuve a Denis. Tres años mal llevados, nos separamos. La familia me ayudó. El segundo marido apareció cerca de los treinta, buen chico, ilusionado, pero solo pensaba en que le diera hijos suyos, y Denis… bueno, a un internado militar, o con mi madre, decían. Lo mandé a él con su madre. Tiempo después, sola con Denis, me casé una tercera vez, sabiendo que ya no era una joya en el mercado de novias, pero bueno, a la tercera va la vencida. Al poco, una bronca, y de celos me pegó. Denis practicaba artes marciales desde pequeño, yo a veces entrenaba con él, aprendí algún truco y se llevó su merecido. Decidí que ya era suficiente. Denis se casó, yo sola, y adopté a Vasili. Con él voy al cine, de viaje, cocino para los dos. Nadie debe nada a nadie, y nadie me atormenta. Denis al principio no lo entendía. “¿Por qué no vives con nadie?” ¿Para qué, hijo? Cada uno tiene su vida, sus costumbres. Es otra cosa estar juntos desde jóvenes, como mis padres, pero yo no, a mí no me ha salido así. ¿Para ir pregonando que estoy casada? No me compensa. Estoy bien con Vasili. ¿Verdad, tesoro? ¿Ves lo que te advertí si seguías marcando las cortinas? Las chicas se fueron cada una pensativa, especialmente Nadia. Pero Nadia no logró ser como Vera. Al mes ya presumía de nuevo amor, y recibía flores en el trabajo. Vera y la tía Tania sonreían. —¿Qué tal Misha? ¿Cómo va la patita? —Bien, Vera, en el paseo parece que se clavó algo, pero ya está curado, como los perros. Los nietos querían que lo llevase a exposición, pero a mí me da igual… —Parece que Nadia también ha rehecho su vida… —Sí, Tía Tania, unas tienen mascotas y otras, maridos. —Bueno, cada una a lo suyo. ¿Igual esta vez tiene suerte? —A ver si sí… —¿Qué cuchicheáis? —De ti, Nadia, que esperamos que esta vez te salga bien. —Chicas, sé cómo parece todo esto, pero yo sola no puedo. —No tienes que justificarte, cada una vive como quiere… —Vera —oyó la voz de Nadia cuando iba al aparcamiento—, tú, si acaso, me aconsejarías sobre gatos? ¿Qué conviene más, gato o gata? —Anda, ve, te esperan… y si acaso, ya hablaremos —rió Vera. —Por si acaso…
0
24
Viviendo por Uno Mismo
0
192