3 de febrero, 2006 ¡Por favor, don Fernando! ¡Se lo ruego, ayúdenos! me gritaba una mujer al lanzarse

Lucía, hija, escúchame, le decía su madre mientras se agachaba junto a ella en el pequeño recibidor de

Recuerdo aquel día de otoño, cuando la lluvia caía a cántaros sobre los adoquines de la calle de la Villa

Esto no es tu casa Clara miró con nostalgia la casa en la que había crecido desde niña. Con solo dieciocho

Hija mía, hoy cumples treinta y dos años anunció con voz temblorosa la matriarca, Doña Carmen de la Vega

Una mañana, justo antes de entrar en la oficina en el centro de Madrid, encontré un cachorro abandonado

En la primavera de 1992, en una pequeña ciudad de Castilla, un hombre se sentaba cada día en un banco

Abuelas a la medida Soledad Fernández se despertó súbitamente, sacudida por una carcajada. No un murmullo

Por la Gran Vía de Madrid, mientras el sol aún desperezaba la ciudad, me detuve en un semáforo justo

Perdón, mamá, por favor, intenta no venir ahora, ¿vale? me dijo mi hija en voz baja, casi como si me










